# YoTambién contra el abuso y la impunidad

El caso de Harvey Weinstein ha demostrado que la impunidad se cimenta sobre la base de la indiferencia y el temor. Como también demostró el tremendo potencial de las redes sociales y la alentadora lección de que nunca es tarde.

 

En la era de la pos verdad o de las verdades discutidas, es bueno cuestionarse acerca del bien y el mal. Dos polos en una lucha que pareciera aludir a una fábula religiosa. Relativizamos al extremo de cuestionar si realmente existe lo bueno y lo malo. Todo parece depender del prisma que utilicemos para descomponer el haz de luz. Ser moderno es pensar que nada es bueno y malo per se. Todo tiene un entorno explicativo. Para algunos el aborto es un asesinato repugnable, un atentado contra Dios, pero el asesinato o desaparición de personas por detentar una determinada idea no es per se maldad. O puede que la violencia sea un mal que corrompe las bases mismas de la sociedad y que golpear a un niño simplemente una herramienta educacional. La intuición nos indica que sí existe el mal. Sólo que se esconde. Repta en la oscuridad y la ignorancia, al punto de transformarnos en cómplices.

Albert Einstein afirmaba que “el mundo es un lugar peligroso para vivir, no a causa de la gente mala, sino de las personas que no hacen nada al respecto”. Todo lo malo se dimensiona y se reproduce en la medida de la indiferencia de la sociedad. Es un hecho que las sombras son el nicho en el cual todo lo malo se potencia. Una oscuridad que envalentona a los malhechores.

 



Afortunadamente el mundo ha evolucionado hacia la transparencia. El desarrollo de los medios electrónicos y, especialmente, el explosivo crecimiento de las redes sociales, ha abierto un espacio de fiscalización y sinceramiento insospechados. De muchas maneras hemos abierto el acceso a la información. La lucha contra la impunidad se da en un campo democratizado, en la forma de una voz un voto. El desarrollo tecnológico ha permitido invertir los polos de la cadena informativa, con todos los bemoles que resulta este explosivo cúmulo de datos que brotan por doquier, saturando la red.

Las acusaciones de acoso sexual contra el productor de cine norteamericano Harvey Weinstein han llenado las portadas de los medios de un tiempo a esta parte. Poco a poco las víctimas se han animado a dar su testimonio, causando estupor tanto por lo prolongado de los delitos así como la impunidad con que actuaba. A fin de cuentas aquello que parecía tan escondido, era de alguna forma un secreto a voces. Bastó que alguien se atreviera a denunciar para que se generara una reacción en cadena que en cosa de días derrumbara a tan siniestro personaje que parecía intocable.

Es en este contexto que la iniciativa de la actriz Alyssa Milano resulta aleccionadora con respecto a la forma que debe tomar el actuar de la sociedad. El domingo pasado creó el hashtag #MeToo para congregar las voces en las redes sociales contra el acoso y abuso sexual

“Sugerido por un amigo: Si todas las mujeres que se han visto acosadas o agredidas sexualmente escribieran ‘Yo también’ como un estado, podríamos darles a las personas un cierto margen de la magnitud del problema” escribió en su Twitter.

La medida de las soluciones siempre va a ser el medio a nuestro alcance. Las redes sociales virtuales han creado una poderosa herramienta que da forma y proporciona voz desde el anonimato. Iniciativas como las de Alyssa Milano prenden el reflector que nos permite tomar conciencia de la basura que se esconde en la oscuridad.

 

 

En la red social Facebook, que permite mayor extensión del mensaje, cientos de miles han reproducido en el mundo entero: 

#YoTambién
#MeToo

Si todas las mujeres que sufrieron acoso o violencia sexual escribieran “Yo también” en sus estados, podríamos mostrar a los demás la magnitud del problema.
Si es tu caso, copiá y pegá.

If all the women who have been sexually harassed or assaulted wrote “Me too” as a status, we might give people a sense of the magnitude of the problem.
Just in case, copy and paste.

 

 


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