Utilizando Minecraft para diseñar las ciudades del futuro

Todo tiene su tiempo. Así como cada época tiene su lenguaje. Hay una sensación algo imprecisa, pero que nos asalta a todos en su momento: el mundo y la vida en general está en descomposición. Miramos hacia atrás y todo nos parece muy claro y con sentido. Miramos al lado y hacia adelante, y todo es incierto. Hay una frase muy manida para esto: todo tiempo pasado fue mejor. Para los que somos mayores, los asuntos del futuro nos producen desconfianza, más que nada por ignorancia. Definitivamente funciona igual al revés. Para los jóvenes los asuntos del pasado llegan a ser chistosos en lo rudimentario.

A ojos vistas de la sociedad, pareciera que los más jóvenes les resulta indiferente el resto de la sociedad. Existe una especie de apatía. Participan casi nada, eluden la política como si fuera la peste. Porque participar, en primer lugar, es validar el sistema. Y en segundo lugar pertenecen a una generación que hace las cosas se forma diferente, por lo que participar para ellos se reduce a más de lo mismo. Como dice el periodista Juan Arias en una columna del diario el país de España, “lo saben y no lo saben, o mejor, lo saben a su modo, que ya no es el nuestro, el de los que creemos saberlo todo. Ellos tienen los ojos puestos en un futuro que quizás no sepan definir ni entender, pero saben que es eso lo que quieren aunque parezcan moverse dentro de la niebla”.

Por eso resulta especialmente aleccionadora la experiencia que han desarrollado en Estocolmo en planificación urbana. Precisamente la ciudad estaba muy preocupada por la casi nula participación de los jóvenes en este ámbito. Jörgen Hallstrom, profesional a cargo recurrió a su hijo de 11 años para que le aclarara el por qué de este fenómeno. Sin mayores rodeos le dio una solución que ha resultado muy efectiva: “papá hazlo con Minecraft”. Para aquellos a quienes no les resulte familiar, éste es un juego de computador abierto a cualquier jugador, y que consiste en construir cualquier universo valiéndose de  bloques. Es el segundo videojuego de mayor venta en la historia, un éxito entre jóvenes y niños.

En conjunto con el creador de Minecraft,  Markus Persson,  diseñaron una herramienta virtual, mediante la cual generaban un diseño en 3D de un entorno a modificar. Organizaron talleres en la comunidad, en los cuáles se veía una gran participación de jóvenes, los que valiéndose del programa añadían al espacio público las características que consideraban que debían tener. Otro sueco que trabajaba en el programa ONU-Habitat en Nairobi, Thomas Melin,  quedó muy impresionado con las posibilidades de esta experiencia, y uniendo fuerza crearon la plataforma Block by Block.

“Block by Block funciona”, señala Mellin, “realizando talleres en donde se juntan 30 o 50 personas de la comunidad, que viven o trabajan en los espacios públicos sobre los que se va a trabajar. Entonces, tres o cuatro personas les enseñan a utilizar el software dividiéndose en grupos. Lo interesante es que se produce una comunicación intergeneracional muy provechosa, en que los más jóvenes les enseñan incluso a adultos mayores a ‘jugar’ Minecraft, y de paso a construir un entorno más amable”.

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