Ricardo Darín, presidente de Argentina

¿Qué hace de Darín un actor extraordinario? Su capacidad de trasladar a su personaje su naturalidad para representar al ciudadano promedio, ordinario, sometido a situaciones extraordinarias. Plantearnos el desafío de cómo responderíamos ante tales eventos

 

Ricardo Darín presidente de la Argentina. Suena a slogan de campaña, y quizás para muchos argentinos no les suena mala la idea. Pero en verdad es el papel que representa en su última película quien es el actor más taquillero a nivel iberoamericano.

El largometraje se llama La Cordillera y es la historia de un presidente que debe asistir a una reunión internacional, pero que no tiene mayor trayectoria política. Un tipo común y corriente en una situación extraordinaria. Otro papel en una dilatada trayectoria, que va desde representar a un estafador en la sorprendente Nueve Reinas o el burócrata judicial de El secreto de sus ojos (que lo catapultó internacionalmente), pasando por el del ingeniero Bombilla de Relatos salvajes o el  dueño del restaurant hijo de una mujer con Alzheimer en El hijo de la novia  o el piloto que se niega a arrojar cuerpos al mar en Koblic o el taxidermista asesino y asaltante de El aura o el entrañable moribundo que busca con quien dejar su perro en Truman. Suma y sigue en una generosa carrera que lo mantiene vigente a ojos nuestros.

Este prolífico actor nació en Buenos Aires un 16 de enero de 1957, hijo de actores, y debutó en el teatro a la corta edad de diez años. En la adolescencia alcanzó gran popularidad en el rubro de las telenovelas,  consolidándose como galán televisivo en los ochenta. Jamás dejó de hacer teatro paralelamente, así tanta actividad explica que no tenga una formación académica. Son más de 40 películas desde que en 1972 filmara He nacido en la ribera, y más de 30 producciones televisivas desde La pandilla del tranvía en 1968. Tres películas nominadas al Oscar (una ganada), doce nominaciones al Cóndor de Plata, cuatro al Goya (una ganada) y una Concha de Plata de San Sebastián por su tremenda actuación en Truman.

A pesar de la diversidad de papeles, Darín no es un actor camaleónico. Es un tipo muy promedio, muy argentino, muy porteño para ser más exacto. Convence tanto haciendo de burócrata, como de sacerdote, como de ingeniero o asaltante. Sin necesidad  de alardes, es el personaje desde la naturalidad de su ser promedio. No es un Robert de Niro, ni un John Malkovich. De la hechura de un Tom Hanks, de un Gene Hackman, de un Denzel Washington. Logra involucrarnos desde su capacidad de  proponer el desafío que cualquiera, ante situaciones determinadas, podría llegar a ser ese personaje, o resolver la situación en la dirección que toma. Por muy inverosímil que nos pueda parecer. Pasar de héroes a villanos, de salvador a asesino, de mesías a demonio.

¿Qué tendría de extraño que Darín fuese presidente?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *