El regreso a las raíces, la empatía, la reciprocidad, la justicia y la compasión

Nuestra soberbia nos ha llevado a distanciarnos de nuestra naturaleza biológica, intentando borrar nexos, avergonzados de la peluda desnudez de nuestros antepasados. Estudios de las sociedades primates nos indican que tenemos mucho que aprender y mucho que ganar volviendo sobre nuestros pasos

 

Vivimos tiempos difíciles. O al menos esa es la impresión que tenemos. Parece que la competencia es lo que nos define. Los medios de comunicación no ayudan en esto. Destacan sólo lo negativo. En el fondo están hablando casi exclusivamente de las consecuencias de la competencia, cuya expresión mayor es el conflicto. A diario leemos, escuchamos, vemos relatos sobre peleas, engaños, estafas, trampas, delincuencia, etc. La impresión final es que vivimos a merced de depredadores que vienen por nuestra carne.

No es de extrañar esta tendencia, porque vivimos en un sistema socioeconómico que se basa en la competencia. Sustentándose en el mérito individual, se ha construido una sociedad que ha dejado de lado el sentido de comunidad. Cada vez se reduce más su alcance. Unidades físicas y sociales como el barrio son casi cuestión del pasado. Incluso la familia es una unidad bastante disociada. Achacamos todo a un problema de moral, a una crisis valórica e, incluso, a la falta de fe en una entidad superior. El prójimo ha pasado a ser nuestro rival.

Muchos afirman que el problema de la sociedad actual es su falta de humanidad. Aluden a una sustancia muy propia que nos distingue como especie y que tendría que ver con la ética y la moral. Propiedades que tendrían relación con nuestra situación evolutiva privilegiada. El primatólogo holandés Frans de Waal ha demostrado que nuestra base comunitaria tiene relación con una base común presente en otras especies.

“Los fundamentos de la moral no son únicamente humanos” afirma en una entrevista al diario La Tercera de Chile.” No estoy diciendo que los otros animales sean morales, pero tienen tendencias, como la empatía, la cooperación, el sentido de justicia con las cuales hemos construido nuestros sistemas morales. Hemos usado la sicología de los primates para construir nuestras sociedades morales”.

Avalado por 40 años de trabajo con primates, De Waal afirma que la moral es innata al comportamiento social humano. No es exclusiva, se sostiene en una conducta social muy extendida en varias especies de animales. Los pilares de la moral son la reciprocidad y la justicia, por una parte, y la empatía y la compasión, por la otra. Ambos presentes y ampliamente documentados en sociedades de primates.

Existirían dos grados de moralidad distinguidos por el holandés. En primer lugar una moral uno a uno, que habla de como el individuo espera ser tratado. Y la segunda una moral que tiene que ver con lo social, involucrando la búsqueda de la comunidad, y es como espera la comunidad que el individuo se comporte para mantener la armonía. En los estudios de De Waal se ha podido reconocer a simios compartiendo la comida, tranquilizando a su vecino, interviniendo en peleas.

“Hay muchas maneras de hacer las cosas mejor que otros. El sistema inmunológico, los ojos, la fuerza, son sólo una de ellas. Muchos animales sobreviven mediante la cooperación, de manera que a los mejores cooperadores les va mejor”.

El sustente de la selección natural y la competencia que se destaca en el evolucionismo y que es la base de nuestra filosofía política y económica, se demuestra parcial. Sin cooperación no hay sociedad. Los estudios de De Waal nos enseñan que valores como la reciprocidad, la justicia, la empatía y la compasión deben ser parte de cualquier sistema de organización humana, pues se sostienen en los pilares que van mucho más allá de nuestra identidad de especie.

“La evolución es un proceso natural de descendencia en el que se producen modificaciones, tanto de rasgos físicos como mentales” escribe en una artículo de El País de España. “Cuanto más menospreciamos la inteligencia animal, más estamos pidiendo a la ciencia que tenga fe en los milagros al hablar de la mente humana. En lugar de insistir en nuestra superioridad en todos los aspectos, debemos estar orgullosos de nuestros vínculos”.

 

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