Primero, no hacer daño

por Dr. Douglas Villarroel

Primum non nocere… Primero, no hacer daño

La mayoría de los médicos ingresamos a estudiar medicina con un espíritu de misión, comprometidos a ayudar a las personas. Somos agradecidos por la oportunidad de cuidar a los demás, orgullosos de nuestra capacidad de hacer un diagnóstico y tratamiento, e inspirados por la confianza que los pacientes depositan en nosotros. Es una responsabilidad increíble.

A los médicos se nos permite hacer preguntas profundamente personales. La naturaleza intensa e íntima de la relación médico-paciente representa un vínculo único, una confianza forjada en cuestión de minutos durante un encuentro en el consultorio. La majestuosidad del cuerpo humano, la importancia de la salud y la satisfacción personal que proviene de la curación, definen el mundo del médico y la práctica clínica de la medicina.

Pero junto con el orgullo viene un temor subyacente. A medida que tratamos a los pacientes, tenemos miedo de cometer un error o dañar a alguien. Este miedo no es por una paranoia autoprotectora de ser demandado por negligencia. En realidad este miedo surge por un sentimiento genuino de no violar el principio central profundamente arraigado en nuestra profesión:  Primum non nocere o “primero, no hacer daño”.

La vida de un médico puede ser increíblemente gratificante. El hacer diagnósticos desafiantes, ayudar a los pacientes a lidiar y superar una enfermedad devastadora y consolar a las familias después de la pérdida de un ser querido: son experiencias emocionales poderosas y proporcionan a los médicos una profunda sensación de satisfacción. Pero, la ley de daño a la salud o integridad física recientemente aprobada en Bolivia va a erosionar el trabajo incluso de los médicos más dedicados.

Esta ley ha sido mal diseñada para el propósito que debería cumplir. El objetivo de un sistema efectivo de negligencia debería ser abordar las causas subyacentes para que podamos disminuir la recurrencia. La ley aprobada no hace esto. La mayoría de los problemas de la atención médica ocurren como resultado de sistemas fallidos, no errores individuales. Esta ley no mejora el rendimiento del sistema en general. No aborda por qué se cometió el error en primer lugar, criminaliza y penaliza desproporcionadamente al acto médico. Una vez el médico entra en la maraña de un juicio penal, en un sistema judicial fallido, en donde “el daño a la salud” tendrá diferentes interpretaciones subjetivas de los jueces, será imposible que salga indemne.

 
Texto publicado por el Dr. Douglas Villarroel en su página oficial de la red social Facebook
 

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