El Premio Nobel de la Paz 2017 al desarme nuclear: ni Trump, ni Kim Jong

Ni Kim Jong, ni Trump, ni la Reina Isabel: Que nadie más tenga armas nucleares

 

 

Eros y Tánatos. Vida y muerte. Los extremos del ideario humano de la existencia. Dos principios que coexisten, que vivimos a diario. La tierra que da, los árboles que florecen, los animales que se reproducen, el silencio y la tranquilidad. El bramido de la naturaleza, las tormentas, los devastadores terremotos, el mar embravecido, huracanes y tifones. Y entro lo natural y cultural, la guerra. La expresión de la furia humana. La fuerza natural imparcial desapasionada, parte del ciclo de la vida. Eros y Tánatos trabajando en concomitancia. En el hombre expresión de lo ruin, de su lado más oscuro, de la destrucción intencionada. Someter el poder de las fuerzas naturales en función de los intereses mezquinos y personales.

Alfred Nobel jugó con el poder de la naturaleza para servírselo en bandeja de plata a la humanidad. Perfeccionó los conocimientos humanos en torno al manejo seguro de los explosivos, inventando la dinamita. Desató a los Titanes, y luego sintió el peso sobre su conciencia. La eterna alma infantil de adultos jugando a ser dioses. Dieron cuenta de su invento con fines militaristas, y la creación de la fundación que dio lugar al premio que lleva su nombre alivió ese peso. Un premio que incentivará las artes y el desarrollo de las ciencias en pos de la paz. Eros que buscar recobrar el equilibrio perdido, enfrentado a un Tánatos desbocado y poderoso. El espíritu del arte y la ciencia en función de la vida.

Los Premios Nobel que se entregan cada año generan gran ruido y expectativa. De ellos el más político, y quizás el que más repercute en la sociedad, es el Nobel de La Paz. Polémico, no siempre acertado, saca al tapete las iniciativas por la paz que más han repercutido en el momento. Se han dado premios impresentables como a Henry Kissinger o a Barack Obama, por ejemplo. Pero más allá de los nombres es justo reconocer que se intentan realzar las intenciones.

Expresado en términos cinematográficos, éste parece ser el año en que vivimos en peligro. Más allá de lo real de la amenaza nuclear que representa el infantil juego entre Estados Unidos de Norte América y Corea del Norte, la situación actual es el reflejo de la débil cadena que mantiene atado al Tánatos humano. Sólo que del que hablamos es el de las profecías, el de la destrucción de magnitud bíblica. Ese que se asocia con el armamento nuclear y que mantiene la espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. Ese poder que no necesita de un loco que el día menos pensado con ademanes teatrales desate el fuego sobre la superficie del orbe. Quedó demostrado en 1983 cuando un desconocido oficial del ejército soviético, ante la clara señal de un lanzamiento de misiles desde EEUU (que después se demostró como un error de interpretación de las imágenes satelitales), guardo la compostura, rompió cualquier protocolo, y evitó una guerra nuclear.

“Tenía todos los datos (para sugerir que había un ataque con misiles en curso). Si hubiera enviado mi informe a la cadena de mando, nadie habría dicho nada en contra”, explicó años después el retirado Stanislav Petrov. “Todo lo que tenía que hacer era alcanzar el teléfono para llamar por la línea directa a nuestros altos mandos, pero yo no pude moverme. Me sentí como si estuviera sentado en una sartén caliente”.

De ahí la importancia que tiene el Premio Nobel de la Paz 2017 que se le concede a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN). En primer lugar, obviamente, porque constituyen una cruzada para abolir (no controlar) las armas nucleares. Y en segundo lugar por ser una agrupación internacional ligada a la sociedad civil, y no a los intereses políticos nacionales. Como señala el comité que entrega el premio:

“Esta coalición de asociaciones que se extiende por unos cien países ha sido una fuerza motriz y un actor líder de la sociedad civil del movimiento contra las armas nucleares y ha galvanizado esfuerzos para estigmatizar, prohibir y eliminar este tipo de armamento. El más importante argumento para la prohibición de las armas es el inaceptable sufrimiento humano que provocan, siendo que otros tipos de armamento menos destructivo como las minas antipersonas, bombas de racimo y las armas químicas y biológicas ya han sido prohibidas por distintos tratados”.

 

 


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