Un pequeño cupón de vida que vale una vida

Vida por vida. El acto de donar un riñón a un perfecto desconocido aseguró al nieto del juez Howard Broadman la posibilidad de una vuelta de mano en el futuro

 

La organización de la vida es de una complejidad y perfección que maravilla. Mientras más nos adentramos en la biología resulta indudable que nos recorre una especie de escalofrío, quizás lo más cercano a una experiencia mística. Existe una perfección en las medidas, en los tiempos y en las sincronías ante las cuales sólo podemos guardar silencio. Nos quedamos con el concepto de los grandes misterios de la vida. Esos que puedes calificar de matemática natural o de gran inteligencia universal. En el fondo da lo mismo. El resultado no cambia, y el universo marcha como un reloj. Con ese tic tac preciso. Nuestro cuerpo es una gran obra de ingeniería que acciona y reacciona. Se ve sometido a una constante lucha de fuerza que van desde la integración contraponiéndose a su desintegración. Vida y muerte, funcionalidad y falla. La máquina que palpita al pulso de los movimientos, que se mantiene en lucha constante contra su gran enemigo: la detención.

Una de las grandes gestas de la humanidad ha sido prolongar lo más posible el movimiento de la biología corporal. La medicina es la estrella de esta lucha. Desde los albores de la civilización, y probablemente desde que el hombre tiene conciencia de su humanidad, existe la noción de salud y enfermedad. El malestar físico como manifestación del mal funcionamiento. La enfermedad como ausencia de salud. Mediri, curar, medicar. El hombre estudiando los principios de la vida biológica, de la salud. Desarrollando las técnicas necesarias para mantener la salud, que es vida. Desde los chamanes, pasando por los ayurvedas, Hipócrates, Galeno, Avicena, Jenner y el sinfín de héroes conocidos y anónimos. Todos procurando bienestar, salud, vida.

Es indudable que a partir del siglo XX en conjunción con los adelantos en electrónica e informática, la medicina ha realizado avances que superan el asombro. La lucha contra la ausencia de salud ha librado batallas fantásticas, y ninguna tan épica como en el campo del trasplante de órganos. Cómo si se tratara de una vieja máquina a la cual se le sustituyen piezas. Una práctica que se inició en la cirugía plástica, con evidencias del siglo Vii a.c., pero que toma forma real a principios del siglo XX con Emmerich Ulmann experimentando trasplantes renales en animales. A la fecha los avances en los medicamentos que previenen el rechazo del órgano lo han convertido en un procedimiento de rutina. Desde la perspectiva humana no sólo es un impacto porque restituye la salud, sino porque requiere de un donante, de alguien que graciosamente se prive por el otro. Si bien mayoría de las donaciones provienen de personas ya muertas, esto no opaca la belleza de la metáfora altruista.

El problema de la donación radica precisamente en este punto: el altruismo. Todos somos candidatos animosos a aceptar un órgano, pero la mayoría reticentes a cederlos. ¿Por qué? Pueden darse motivaciones de diversa índole, pero la situación real es qu las listas de espera de ilusionados pacientes es muy larga, y muchas veces vana. Pereciera que el problema radica en la reciprocidad. No existen simples dadores alegres. Es necesario asegurar que mi sacrificio aseguré una vuelta de mano.

Así lo entendió un jubilado juez de California, Howard Brooman, que ha desarrollado un novedoso sistema de donaciones a cambio de cupones que ha impulsado el sistema en los Estados Unidos. Con un nieto de 4 años que sufre una enfermedad renal crónica que irreductiblemente terminará en trasplante, se acercó a la Universidad de California, Los Ángeles, y les pidió que le dieran un vale por donar un riñón. Esto asegura que su nieto tenga más probabilidades de recibir un trasplante cuando lo necesite en el futuro. Avalado por el cirujano Jeffrey Veale, se dio forma al sistema de vales que asegura prioridad en la lista de espera.

“Sé que Quinn finalmente necesitará un trasplante, pero para cuando esté listo, seré demasiado mayor para darle uno de mis riñones”, dice Broadman. “Primero consideré ser altruista y simplemente donar un riñón a otra persona. Pero luego comencé a pensar ‘esto es una mierda, debería obtener algo para esto'”.

La gran virtud de este sistema  es que ha generado una cadena de donaciones cruzadas. Estudios han demostrado que más de un tercio de quienes requieren trasplante de riñón no encuentran compatibilidad en familias ni amigos. Los vales han funcionado como ticket de intercambio en una cadena de personas en similares circunstancias, lo cual amplía el espectro y la posibilidad de encontrar donantes compatibles.

“Si solo una fracción de los 40 millones de pacientes con enfermedad renal crónica en los Estados Unidos tuviera un donante como el juez Broadman, entonces decenas de miles de órganos de alta calidad entrarían al sistema”, afirma el doctor  Veale. “Por primera vez en la historia, podríamos empezar a reducir la lista de espera”.

 

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