El mayor invento que revolucionó a la humanidad

No existiría carrera espacial, ni electrónica, ni mecánica, ni civilización sin el control del fuego. Fue el invento más importante en la historia de la humanidad, y a la vez el más anónimo

 

Es inevitable que en la sociedad de los artilugios, en que cada actividad tiene su herramienta, nos preocupemos de ensalzar la memoria de sus dioses creadores. Somos cosistas, nos gustan las manufacturas, coleccionamos todo tipo de artefactos y enseres, lo que transforman nuestras viviendas en verdaderas bodegas de acumulación. Y no cualquier tipo de coleccionista, sino de esos tenaces, que se encandilan con todo lo que ven, que rara vez desechan un objeto, porque le atribuimos propiedades que van más allá de su sola utilidad. Por eso nuestros objetos tienen apellido, como el foco de Edison, el computador de Jobs, la hoja de afeitar Gillette. No importa si esa asociación haga justicia, responde a una necesidad de darle propiedad, ponerle un rostro, humanidad a un objeto inanimado. Si hasta Dios es un anciano barbado, no nos podemos imaginar un “Yo Soy el que Soy” judío o un “Innombrable” musulmán.

Lo que llamamos civilización es sólo un cúmulo de observaciones, reflexiones y soluciones a problemas específicos, por lo que no es sorprendente que escale en complejidad

 

Ya en el Antiguo Testamento el Eclesiastés decía “nada nuevo hay bajo el sol”. Aunque fijemos un rostro de propiedad sobre los objetos, en estricto rigor todo invento no es más que el producto de la acumulación de conocimiento, que se remonta hasta el principio de los tiempos. Nos puede parecer deslumbrante la electrónica, pero no hubiésemos llegado a ella a menos que se desarrollara la civilización, y ésta requirió de ciertos requisitos, como fueron la agricultura y la ganadería, que a su vez requirió la fabricación de herramientas y ésta del control del fuego. No existe invento más importante para el desarrollo de la humanidad, a la vez que más anónimo, que el control del fuego. Nos parece tan simple y natural frotar un fósforo o apretar un encendedor, que no nos damos cuenta de lo complejo que debió resultar el dar con la solución al problema de cómo controlar el momento y el lugar en el cuál tener fuego.

Piénsenlo así, un científico vestido con tiras de cuero, sin más instrumentos que sus sentidos, sin la capacidad de ir registrando resultados. Observa una y otra vez surgir el fuego en forma natural, en pequeños brotes o en incendios incontrolables. Se da cuenta de sus propiedades de transmitir energía, de los potenciales culturales como arma y como herramienta para crear más herramientas, para cocinar los alimentos. Y no es un par de ojos, seguramente una buena parte de la comunidad son investigadores e inventores. Y no es un laboratorio, es el escenario completo, numerosos puntos a lo largo y ancho del planeta, como un gran campo de experimentación.

Qué duda cabe, no existe mayor invento de la humanidad que la capacidad de controlar el fuego, y debemos agradecérselo a un montón de analfabetos anónimos, que observaron, reflexionaron y experimentaron hasta desarrollaron un sistema. Sin patentes de por medio, sin buscar gloria universal o riquezas personales.

 

SuperSur Fidalga… ¡Te da más!

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