Marzo

Al final

 

| Decía Bertolt Brecht que las revoluciones suceden cuando el callejón no tiene salida. Si no hay lugar para ellas es porque las salidas o las rendijas de luz sí existen… aún. Sigo pensando que la democracia imperfecta es un espacio pacífico de expresión. Millones de personas asisten y votan, aún por obligación. Miles de ciudadanos comunes cumplen en ser jurados electorales, cuidan las ánforas, cuentan votos, anotan en una pizarra a la vista de todos, vuelven a contar si los números no cuadran, llenan formularios, sellan la bolsa que contiene los resultados y defienden el voto de cada persona cuando se rebelan contra los delegados de partidos que buscan impugnar una mesa porque no salieron las cosas como esperaban o gana con mucho el adversario. Esa es la gran victoria invisible e invaluable de la democracia. Con todos los defectos, la gente cumple. Es hora de cumplirle a la gente.

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