Mandela y su receta para salir del infierno

La cárcel es una versión moderna del mito del infierno. El encierro obligado, la violencia amplificada en espacios reducidos, caldo de cultivo a la perpetuación de condiciones de exclusión. El Espacio Mandela, un proyecto de la Iglesia Católica, ha resultado ser una experiencia de formación integral en Chile muy exitosa

 

¿Habrá peor castigo que el encierro permanente? Si no se ha experimentado, es difícil hablar con propiedad de esta experiencia de vivir encarcelado, recluido en un espacio mínimo, sin posibilidad ni de salir ni de escoger a los compañeros de encierro. Lobos encerrados con lobos, y con una que otra oveja. Condiciones mínimas de comodidad, espacios abarrotados. Se descansa en estado de alerta, porque las fieras pueden saltarte al cuello. Un gesto mínimo se vuelve provocación. El encierro saca lo peor de cada uno. La mayoría de las veces es un karma, una condena de cuna. Por haber nacido pobre. Por venir de la marginalidad. Por nacer del desamor. Por estar condenado a la ignorancia. A fin de cuentas es perpetua, pues al año, a los 5 años, a los 20 años, a la pena que sea,  la salida es la calle, la misma escuela que moldeo su camino al encierro. A desarrollar las artes delictivas perfeccionadas en las eternas horas de ocio, en la lucha por la sobrevivencia en el infierno.

La realidad carcelaria en Latinoamérica se ha transformado en un problema sin solución, que se hace más y más grande, en la medida que no hemos sido capaces de resolver las dificultades de base social que alimentan la delincuencia. Son simplemente instalaciones penitenciarias, cuyo único fin es sacar de circulación momentánea a tipos que son molestos, sin intención alguna de recuperarlos. Nos asusta el nivel escalado de violencia en nuestras ciudades, pero no nos detenemos a reflexionar sobre su génesis. A fin de cuentas es un problema de oportunidades.

“La cárcel es parte del itinerario de vida de esos pobres que no tuvieron de donde sujetarse para no sucumbir ante la mala educación, mala salud, malos barrios, salario mínimo, droga, etc.; en la cárcel encontramos a esos pobres y por eso ella es un emblema a nuestro egoísmo”, afirma el jesuita Luis Roblero, Capellán Nacional penitenciario de Chile. “Como Iglesia Católica tenemos la convicción de que no es el miedo ni la amenaza lo que logra cambiar el comportamiento de las personas. Si no establecemos la justicia social como punto de partida para lograr la paz social sólo seguiremos llenando cárceles”.



Nelson Mandela, el fallecido líder político sudafricano, decía que “nadie conoce realmente a una nación hasta que ha estado en sus cárceles”. Sosteniéndose en esta frase, la Fundación Invictus de la Iglesia Católica ha desarrollado en Chile un proyecto para reinsertar reos con un largo prontuario delictual, creando espacios de formación académica y laboral al interior de los centros penitenciarios. A partir del año 2014, con la remodelación de una calle de la ex Penitenciaría de Santiago, y con el apoyo de instituciones gubernamentales, se creó el primer ‘Espacio Mandela’. Y se recurrió al nombre del fallecido líder político precisamente por incansable su lucha por la dignidad personal y de sus connacionales, en su condición de recluso.

Este programa se enfoca desde una perspectiva multidimensional, apuntando a subsanar los puntos en los que la sociedad ha fallado con estas personas. Comprende un proceso que trabaja en tres aspectos: escolarización, capacitación y trabajo. Además se les brinda apoyo sicosocial, proporcionándoles importantes herramientas de crecimiento personal y de control de impulsos. La mayoría de los participantes de este espacio ni siquiera han terminado su educación primaria, lo que es un círculo vicioso pues tampoco su forma de vida les ha permitido desarrollar habilidades laborales ni tener empleos estables.

“Desde muy pequeños han tenido vidas marcadas por la pobreza, la exclusión y la violencia; muchos de ellos y ellas pasaron por el Sename, desertaron la escuela y desde pequeños han vivido al margen de la sociedad que todos vivimos. Entonces lo que buscamos en el Espacio Mandela es romper con esas violencias concatenadas desde esa cuna de exclusión y contribuir a que, al salir en libertad, puedan insertarse de mejor manera, sobre todo desde la vinculación con el otro de manera sana y no violenta, y con herramientas para desempeñarse laboralmente en alguna actividad lícita”, afirmó para una entrevista al sitio eldefinido.cl Carolina Ossandon, Jefa de Programas de Espacio Mandela.

El Espacio Mandela se ha reproducido en varios centros carcelarios de Chile, en la forma física de talleres de carpintería que generan una producción que es comercializada en el mercado. Para esto se ha formado la Cooperativa Mandela, que es gestionada por el programa, pero sus socios son los reos que realizan el trabajo. La producción se canaliza al mercado a través de puntos acotados de entrega, inmobiliarias y algunas tiendas, pero hay planes para que en un futuro cercano sea venta directa  al público general. Se ha demostrado que la participación en la cooperativa ha posibilitado mejorar la auto percepción y disminuir considerablemente los niveles de violencia en reclusión, aumentando la posibilidades de una futura reinserción. Una puerta de salida del infierno. Quizás el Virgilio que los guíe más allá de los nueve anillos al encuentro de Beatriz.



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