Los 40 años de apostolado de las Abuelas de Plaza de Mayo

En nuestra búsqueda de humanidad, nos topamos con tanta brutalidad que cuesta seguir teniendo fe en que existe. Pero historias como las de las Abuelas de Plaza de Mayo nos hacen sonreír, y son como una potente ráfaga de viento que se lleva nuestro pesimismo

 

Como paradoja ser humano está relacionado con ser humano. Reflejarse en el otro como un simil. Parte de la misma especie, más allá de cualquier diferencia. ¿Qué es lo esencialmente humano? La compasión. Del latín cumpasio y del griego sympathia significa  literalmente sufrir juntos. Nadie se puede considerar humano si no tiene la capacidad de verse reflejado en el dolor del otro.  Arthur Schopenhauer expresó que “todo amor genuino es compasión, y todo amor que no sea compasión es egoísmo”.

Es casi de Perogrullo el afirmar que la historia de la humanidad ha estado marcada por la ausencia de compasión. Pareciera que lo de ser humano no es más que una declaración de intenciones. Son tantos los testimonios de brutalidad, de los cuáles no quisiéramos siquiera enterarnos, pero están. Y así como la bestialidad o la no humanidad ha marcado tanta presencia en nuestra historia, se ha equilibrado con manifestaciones de amor o profunda compasión. Cuando la faceta bestial nos hace dudar de nuestra condición humana, tenemos esta contrapartida que regresa el alma al cuerpo.

 

La historia moderna de Latinoamérica ha estado marcada por la brutalidad de los regímenes militares que han gobernado de facto en diversos períodos. Y de estos regímenes ninguno tan brutal y desgraciado como la última dictadura militar Argentina. Extendida entre 1976 y 1982 se caracterizó por el terrorismo de estado expresado en la violación flagrante de los derechos humanos y el asesinato y desaparición de ciudadanos, mayoritariamente jóvenes. Se habla de más de 30.000. Y, quizás lo más brutal o que impacta más directamente nuestras entrañas, la apropiación de hijos y recién nacidos de estos desaparecidos. Se calcula en 500 los escindidos de sus raíces, de la posibilidad de crecer junto a su familia. Y lo peor. En muchos casos criados por los captores y asesinos de sus padres. ¿Y la compasión? La humanidad al traste.

La contrapartida que recupera el equilibrio. Las Abuelas de Plaza de Mayo. En medio de la brutalidad, las amenazas, la violencia, el temor; la compasión de un grupo de abuelas buscando a sus nietos. Hace cuarenta años ya de eso, y no han cesado. Comenzaron en abril de 1977 a marchar junto a las Madres de la Plaza de Mayo frente a la casa de gobierno Argentina. Pero es el 21 de noviembre de ese año, con motivo de la visita a Argentina del Secretario de Estado Norteamericano Cyrus Vance, que las abuelas se agrupan como tales para entregarle una carta denunciando la desaparición de sus nietos.

“Licha (Alicia de De la Cuadra) buscó a las otras abuelas que ya conocía de la Plaza de Mayo, nos reunimos y decidimos empezar a trabajar juntas”, recuerda una de las fundadoras Chicha Mariani. “Éramos 12 en ese momento. A mí me asombró verlas con tanta serenidad; yo era un guiñapo, un llanto continuo, las veía a ellas tan serenas y decía ’tengo que ser como ellas’. Primero nos dimos a conocer como «Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos». Pero fuimos creciendo, la gente empezó a conocernos y a llamarnos las “Abuelas de Plaza de Mayo”.

Venciendo temores, desafiando a una autoridad omnipotente y cruel, enfrentándose a la indiferencia, lo de las abuelas fue un apostolado. Porque no sólo se empinaron por sobre los obstáculos para seguir adelante, sino que en su empecinamiento, en su no bajar los brazos, desarrollaron en conjunto con científicos nacionales e internacionales una metodología que les permitiera mantener viva la esperanza de reconocer a sus nietos sin lugar a dudas.

“A mediados de los años 80, las Abuelas impulsaron la creación de un banco para almacenar sus perfiles genéticos y garantizar la identificación de sus nietos”, indican en su página web. “En 1987, el Congreso de la Nación creó por ley el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) que desde entonces se encarga de resolver la filiación de las niñas y niños apropiados durante la última dictadura. En este Banco se encuentran almacenadas todas las muestras de los familiares que buscan a los niños desaparecidos por el terrorismo de Estado, y de todas las personas que sospechan ser hijas de desaparecidos, y ya dejaron su muestra en el Banco”.

Restituyendo compasión en medio de la brutalidad, la labor ha tenido frutos. Ya van 125 nietos que han recuperado sus raíces, su historia, y han encontrado el sentido a mucho sin sentido. El universo restituye su equilibrio y podemos descansar sintiendo que tanta gente valiente ha dado la lucha no sólo por su propia tranquilidad, sino por la esperanza en una futura humanidad. El agua en el estanque se agita, pero tarde o temprano recupera su transparente calma.

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