Como lo extrañaremos Comandante

Fidel1

Gran conversador, la revolución de construyó en gran parte sobre su capacidad de un construir un relato revolucionario permanente y verosímil.

 

Una parte de la población mundial nacimos cuando recién despuntaba la segunda mitad del siglo XX. Asistimos a cambios cualitativa y cuantitativamente dramáticos, como jamás siquiera soñamos. Cambió la configuración política, social y económica, merced, fundamentalmente, a un desarrollo tecnológico que aún no termina de sorprendernos. A muchos significó quedar al margen, pues el nuevo orden se empodera de un concepto de futuro escindido de cualquier raíz. El desarrollo de una forma de vida que hemos dado en llamar moderna y que ha cristalizado las imágenes de soñadores y agoreros. Un mundo marcado por el pragmatismo, por logros materiales y la paulatina sustitución de una visión humanista. Para unos triunfos y logros, para otros derrotas y fracaso. Hay quienes viven en la gloria del siglo XXI, muchos el luto del siglo XX.
La muerte de Fidel Castro simbólicamente representa el fin de una época, la palada definitiva sobre el fulgor que aún se mantenía de un tiempo pasado tan distinto. No creo equivocarme si afirmó que muere la última figura del siglo XX. Pues no existió para nosotros un acontecimiento que nos marcara más que la Revolución Cubana. El romanticismo de un grupo de aventureros barbados vistiendo uniforme militar, que desafiaron no sólo el poder local de Batista, sino intereses políticos en uno de los momentos más intensos de la Guerra Fría. Remeció los cimientos de las anquilosadas sociedades. Más allá de sus manifestaciones locales, inició o motivó transformaciones que hubiesen quedado en la simple utopía. Porque se demostraron que se podía. Y en lo específico, Fidel, nacido oligarca, optaba por el cambio, por hacer la guerra a lo establecido. Resultó ser la personificación de aquella insolente juventud rebelde de los 60, con su ambicioso “aspiramos a lo imposible”.
El derrumbe del Muro de Berlín arrastró tras de si a las utopías, liberando un monstruo sin oponentes, que impone un materialismo brutal, socavando las bases de las sociedades de igualdad. Sólo Fidel de mantiene firme en su madurez encanecida. Una conciencia austera que no dejaba de preconizar los males sobre los que se erguía el nuevo siglo. En estado de permanente revolución, su traje verde oliva, su cigarro característico. Construyendo en medio del rigor de un aislamiento asfixiante, una Cuba con educación, salud, y al amparo de muchos de los grandes males de occidente. Fue el salvaguarda de nuestros sueños. Fue ilusión. La certeza de lo transitorio, o simplemente el espejismo de querer creer que la materialidad no se lo había engullido todo. Un pequeño jardín en una selva de cemento.
El nuevo siglo transmuta al revolucionario en sabio, alejando su figura de la contingencia, para consolidar al mito. La revolución comienza a ceder al bloqueo. Ya saben, el consumismo, los nuevos tiempos, el internet. Primero fue la apertura al turismo buscando recursos que permitiera respirar a la revolución, y luego bajar la guardia para acercarse al gran enemigo. Fidel lo vivió todo en la lejanía, opinando, dando consejos, el espíritu viviente que mantenía el hálito de vida revolucionario. Su final no fue el de una figura decorativa, simple remedo de sí mismo.
Al morir simplemente se fue, siendo coherente hasta el final, quizás sabiendo que todo lo bello tiene un final. Cremado, perpetuado en imágenes, en palabras, en el relato épico de una época de locos soñadores, que simplemente se conformaban con alcanzar lo imposible. Creo que más lloraremos por los sueños perdidos, por la juventud que se nos escapó hace rato, por un siglo que hubiésemos querido atesorar, pero que se ahogó en una materialidad que encandila, cuál cuentas de vidrio. La muerte del Comandante…. Definitivamente no. Mal que mal las leyendas son inmortales.

Personaje público y enigmático, Fidel  se transformó tempranamente en un mito viviente.

Personaje público y enigmático, Fidel se transformó tempranamente en un mito viviente.

 

Cuba-Fidel-Revolución, llegaron a constituir un todo integrado, que difícilmente la historia podrá analizar por separado.

Cuba-Fidel-Revolución, llegaron a constituir un todo integrado, que difícilmente la historia podrá analizar por separado.

 

La Revolución Cubana, y especialmente Fidel Castro, desarrollo fuertes nexos con una intelectualidad militante, que defendió a muerte los sus logros.

La Revolución Cubana, y especialmente Fidel Castro, desarrollo fuertes nexos con una intelectualidad militante, que defendió a muerte los sus logros.

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