La revolución de Noruega en el tratamiento de enfermedades mentales sin medicamento

 

 

 

El cambio es el sello de la vida actual. Con matices, nos vemos enfrentados a una forma de vida que se sustenta en el salto permanente. Nada se mantiene por mucho tiempo, así como el concepto de intimidad ha sido alterado. Las bases que sostenían la vida comunitaria han sido seriamente afectadas, al punto de generar un estado permanente de alerta y angustia que termina pasando la cuenta.

“Lo que antes era un proyecto para “toda la vida” hoy se ha convertido en un atributo del momento”, dictaminó el genial Zygmunt Bauman sobre la actual vida en sociedad.” Una vez diseñado, el futuro ya no es “para siempre”, sino que necesita ser montado y desmontado continuamente”.

Alrededor de los desordenes que provoca vivir en sociedad se ha montado una industria muy lucrativa. Como nunca hoy se habla de salud mental y como nunca han proliferado los profesionales y los centros que aseguran este tipo de atención. La gran paradoja es que en mayor medida lo que podríamos reconocer como falta de salud mental, en verdad responde a problemas de adaptación a una forma de vida determinada. Muchos de los grandes flagelos de la vida en sociedad no son enfermedades en abstracto, sino manifestaciones del malestar que produce una forma de vida específica. La curación apunta a acallar los síntomas facilitando la dócil adaptación.

Sanar se ha vuelto un equivalente a medicación. El desarrollo de una poderosa y multimillonaria industria farmacéutica que gira en torno  al desarrollo de medicamentos que combaten los síntomas de disconformidad. Industria y psiquiatría han marchado de la mano, en la medida que el individuo ha ido perdiendo relevancia en función del desarrollo de una visión estandarizada de los pacientes. Se desarrollan herramientas que caracterizan de manera muy general el universo de pacientes, concluyendo en el mismo tratamiento, siempre sobre la base de fármacos.

Ahora es normal estar medicado, no la excepción, afirma el psiquiatra Allen Frances. “Esas medicinas son esenciales para el 5%. Pero son absolutamente perjudiciales cuando son usadas incorrectamente. Medicamentos que son muy útiles para unos pocos se tornan peligrosos y dañinos para muchos”.

Los pobres resultados en este tipo de tratamientos generan la necesidad de repensar la forma en que enfrentamos el problema. Así lo han entendido en Noruega, donde han impulsado un proyecto centrado en las necesidades y características individuales sobre el uso de herramientas de diagnóstico general. En el hospital siquiátrico de Asgard se está buscando desarrollar tratamientos libre de medicamentos.

“Es una nueva forma de pensar”, afirma  Merete Astrup, directora de esta unidad. “Antes, cuando la gente quería ayuda, siempre se basaba en lo que querían los hospitales, y no en lo que querían los pacientes. Estábamos acostumbrados a decirles a los pacientes, ‘esto es lo mejor para ustedes.’ Pero ahora les estamos diciendo, ‘¿qué es lo que realmente quieren?’ Y pueden decir: ‘Soy libre; Yo puedo decidir ‘”.

Este proyecto es el resultado de un trabajo conjunto entre el gobierno y la sociedad, representada por organizaciones de usuarios de centros de salud mental.  A raíz de esto en el año 2011 de unieron dando lugar a una referente multisectorial denominada “Acción Conjunta para el Tratamiento Sin Drogas en Psiquiatría”. Lo que marca la diferencia es la capacidad del gobierno noruego de escuchar a un grupo de personas que normalmente no son escuchadas y dejar de lado la objeción de los médicos.

“Queríamos crear una alternativa a la psiquiatría”, explica la activista Grete Johnsen. “Queríamos crear algo propio. Nuestro objetivo era crear un lugar, o un centro, con libertad y sin tratamiento forzado, y sin medicamentos como centro de atención.”

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