La revolución del yoga en la curación de los males de la vida moderna

Los grandes males de la sociedad moderna, como la depresión, han encontrado en el Yoga un agente terapéutico, que trabaja abriendo la posibilidad de controlar y entender las sensaciones

 

La separación del ser humano entre cuerpo y espíritu ha sido uno de los errores más desafortunados de la cultura occidental. El llegar a pensar que podemos desagregar al ser en entidades independientes, simplemente ha sido no entender que todo funciona y se debe entender como unidad, lo que ha acarreado una desgraciadaa concatenación de reflexiones y conclusiones que tienen al mundo occidental existencialmente estancado, lo que se traduce en un concepto muy conocido por todos: infelicidad.  Los índices de enfermedad del ánimo, con efectos evidentes sobre la salud física se encuentran con un callejón sin salida que no ha podido ser resuelto por el arsenal químico con que nos atiborramos. El éxito de las disciplinas orientales de meditación en occidente reside en que asume esta unicidad, y trata los males no sólo desde un punto de vista exclusivamente (mental o físico), sino como algo integrado, en que la búsqueda de los equilibrios resulta fundamental.

Según un estudio del San Francisco Veterans Affairs Medical Center y Sarah Shallit en la Universidad Internacional Alliant en San Francisco, que siguió a 52 mujeres con signos de depresión, alto stress y problemas de sobre peso, las que experimentaron con la disciplina  Bikram Yoga, tuvieron notables mejorías. Se ha buscado entender como el yoga ejerce su función beneficiosa, y al parecer existe un nexo entre la meditación y la producción de insulina, que impulsaría un retraso en el envejecimiento celular, además de amortiguar los genes de la inflamación, que son la base de todas las afecciones que atacan al cuerpo humano.

Además el yoga restablece un equilibrio entre dos componentes de nuestro sistema nervioso, que son el parasimpático y el simpático, que  controlan las funciones y actos involuntarios (formando el sistema nervioso autónomo), permitiendo controlar reacciones de excitación, lucha y huida. Esta integración toma la forma de un control de las funciones autónomas,  un equilibrio con el sistema nervioso somático o de las sensaciones. Ser conscientes y capaces de controlar el flujo de sensaciones físicas que definen nuestro cuerpo y nuestro entorno a nivel cerebral. Una puerta que abrimos no sólo a nuevas formas de llegar a entendernos, sino también a superar la sensación de pesar que parece asolar a tantos rostros sombríos con los que nos cruzamos a diario, incluido el espejo.

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