La historia sin fin

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“Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan… Las imágenes dicen:
‘Esto es lo que los seres humanos se atreven a hacer, y quizá se ofrezcan a hacer,
con entusiasmo, convencidos de que están en lo justo’. No lo olvides”.
Susan Sontag
Ante el dolor de los demás

Rio de Janeiro, 2016. François Friedel, responsable del Programa de Rehabilitación Física del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia, trabaja hace 3 décadas en proyectos de rehabilitación de víctimas de guerra en países como Camboya, Irak, Etiopía y Afganistán. Estuvo en Rio 2016 acompañando a los atletas congoleños rehabilitados y entrenados por la Cruz Roja Internacional para su participación deportiva y se refirió a la exposición presentada por la organización en el marco de los Juegos Paralímpicos: “Queremos mostrar el trabajo de rehabilitación física para víctimas de conflictos armados, especialmente de minas antipersonales y aparatos explosivos, que hemos hecho en los últimos 37 años, con más de 190 proyectos en 50 países”. Sólo en 2015, la Cruz Roja Internacional atendió más de 400.000 personas en 47 países, 2.500 de las cuales están incorporadas en programas de desarrollo y formación deportiva.
Stoke Mandeville, 1948. 55 kilómetros al sudeste de Londres, en un mundo devastado por la II Guerra Mundial, un hombre convencido del poder terapéutico de la práctica deportiva encendió la chispa del Movimiento Paralímpico.
Ludwig Guttmann (1899-1980), un neurólogo alemán apasionado por los deportes que había huído de la Alemania nazi, creó en el Stoke Mandeville Hospital un centro de atención para pacientes con lesiones de médula, muchos de ellos civiles y militares heridos durante la guerra. Entre sus innovadoras medidas de rehabilitación figuraba la actividad deportiva que permitía, no sólo recuperar fuerza, coordinación y resistencia, sino que funcionaba como medicina para retomar la actividad social y devolver la autoestima y el deseo de disfrutar la vida, superando las limitaciones que las heridas habían dejado.
Las actividades terapéuticas evolucionaron hacia la recreación para, luego, convertirse en prácticas competitivas. Coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Londres 1948, el médico organizó los Juegos de Stoke Mandeville, una competencia de arquería entre pacientes en silla de ruedas que inició lo que hoy son los Juegos Paralímpicos.
Como en Stoke Mandeville 1948, la Cruz Roja y otras numerosas organizaciones oficiales y no gubernamentales, incorporan la actividad deportiva en los trabajos de recuperación, rehabilitación y reintegración de víctimas de conflictos armados.
Como en Stoke Mandeville 1948, cada edición de los juegos paralímpicos es una muestra de valor y superación que, lejos de exhibir las limitaciones, pretende revelar las admirables capacidades de sus protagonistas. “Sin barreras. Sin límites. Sin miedos”.
Como en Stoke Mandeville 1948, dolorosamente fiel a la competición que le dio origen, los “civiles y militares heridos durante la guerra” insisten en recordarnos que el mundo continúa devastado.
Lo hizo en Sydney 2000 André Augusto, desfilando solo en representación de los 90.000 amputados que la guerra dejó en Angola. Lo hizo en London 2012 la delegación de Ruanda, exponiendo con sus cuerpos el horror del genocidio. Y lo hicieron muchos más en Rio 2016.

How many times must the cannon balls fly
before they’re forever banned?
Bob Dylan
Blowin’in the wind

El equipo masculino de voleibol sentado de Bosnia y Herzegovina comenzó su historia en 1994 como parte de un programa de rehabilitación para los lesionados durante los violentos enfrentamientos que habían comenzado 3 años antes en la antigua Yugoslavia. Desde entonces, ha ganado 3 campeonatos mundiales, 9 campeonatos europeos y ha subido al podio en los cinco paralímpicos en los que ha participado, acumulando 2 oros y 3 platas (la última en Rio 2016), únicas medallas que tiene Bosnia, tanto en juegos olímpicos como paralímpicos. Sus jugadores son el orgullo de su país, verdaderas estrellas deportivas a los que reconocen en la calle y esperan en el aeropuerto a la vuelta de cada campeonato para mostrarles su apoyo y admiración. “Desafortunadamente, esto somos ahora. La guerra hizo esto”, dice Asim Medić (47), víctima de uno de los tantos bombardeos lanzados sobre Sarajevo, que comenzó a practicar el deporte por recomendación médica, como muchos de sus compañeros. El capitán del equipo, Sabahudin Delalić (44), que también perdió una pierna mientras servía en el ejército, declaró: “Es una sensación maravillosa Creo que representamos una luz al final del túnel para el pueblo que ha sufrido tanto. El sufrimiento de nuestro pueblo ha fortalecido nuestro espíritu y nuestro carácter. Lo vimos como un reto y esa fue la clave para el éxito del equipo”.
Shay Siada (37, tenista de mesa en silla de ruedas) era bombero cuando perdió una pierna y quedó parapléjico como consecuencia de un bombardeo a Tel Aviv. Las heridas de guerra causaron discapacidad a otros 8 integrantes de la delegación israelí, todos veteranos de las Fuerzas de Defensa de su país. El mayor de ellos, Arnon Efrati (63) perdió un brazo en la Guerra de Yom Kippur de 1973; el menor, Itay Erenlib (31), fue herido durante una misión de rutina en Palestina, en 2007. Tremenda postal de un conflicto que no tiene fin. Itay juega al tenis en silla de ruedas en la categoría quad (deportistas con un mínimo de tres extremidades afectadas con discapacidad permanente), ocupa el quinto lugar en el ranking mundial y llegó a las semifinales en la modalidad dobles en Rio 2016. Su historia ha sido narrada en el documental Slightly, seriously, critically injured (Israel, 2011), “la conmovedora historia de una familia que se sumerge en un difícil viaje en una nueva realidad. Una historia sobre el espíritu indomable de un hombre joven y, sobre todo, una historia de amor parental”.  El único medallista de los veteranos de guerra del equipo fue Doron Shaziri (49), que perdió una pierna por la explosión de una mina y obtuvo el bronce en tiro con rifle.
En 2011, Emmanuel Kelly se presentó a la audición de The X Factor Australia acompañado de su hermano y su madre. En ‘uno de los momentos más conmovedores de la televisión’, el joven cantó Imagine y presentó su historia: producto de los bombardeos químicos en Irak, él y su hermano Ahmed nacieron con severas deficiencias en sus cuatro miembros, fueron abandonados en un orfanato y la Children First Foundation los llevó a Australia para realizarles cirugías correctivas. Moira Kelly, la responsable de este trabajo, los adoptó en 2000 y hoy son ciudadanos australianos. Ahmed (24) participa en sus segundas paralimpíadas: “Quiero conseguir el oro como agradecimiento a Australia por todo lo que me ha dado y por hacer mi vida mucho mejor”.
El conflicto armado entre el gobierno y los grupos guerrilleros y paramilitares colombianos tuvo tres afectados entre sus deportistas. Moisés Fuentes (41), abanderado de la delegación, perdió una pierna y quedó con la otra inmovilizada a raíz de un atentado paramilitar que, además, mató a su hermano. En su tercera participación paralímpica, Moisés volvió a subir al podio de la natación en 100m braza: plata en London 2012 y bronce en Beijing 2008 y en Rio 2016. Diego Cuesta (30, nadador) y Fabio Torres (40, levantador de potencia), ex oficiales del Ejército Nacional de Colombia, fueron heridos por minas antipersona. Torres es el primer militar herido en combate que clasifica a unos juegos paralímpicos para Colombia.
Historias como estas abundaron en la villa paralímpica. Como la de la médica de la armada holandesa Jaaike Brandsma (29) -que perdió una pierna y sufrió lesiones que limitaron su audición y el uso de un brazo en un ataque suicida en Afganistán- o la de Muharrem Korhan Yamac (43), un ex oficial del ejército turco mutilado durante la revuelta kurda en los años 80 y múltiple medallista europeo, mundial y paralímpico, competidor de tiro con pistola de aire. Y como las de las víctimas civiles: Aida Dahlen (25), huérfana de la guerra de Bosnia y adoptada por una familia noruega, que compitió en tenis de mesa y Ammar Ali (31), esgrimista campeón mundial 2015 y medalla de plata en Rio 2016, un carpintero que sufrió lesiones en la médula en un bombardeo a Bagdad: “Todavía estamos en guerra, pero estamos acostumbrados. Bagdad es mi casa y no quiero irme a ningún otro lado. Si muero en Bagdad está bien, es mi lugar. Nuestra vida no es fácil, pero hoy puedo sonreír porque tengo la medalla de plata colgada”.
Vida difícil también la del nadador Ibrahim Al-Hussein (27), mutilado en un bombardeo durante la guerra civil siria, que salió de su país en una balsa y que vive en Grecia como refugiado. Compitió bajo la bandera olímpica en el Equipo de Refugiados y fue uno de los dos deportistas premiados por el Comité Paralímpico Internacional por ser los que mejor ejemplificaron el espíritu y los valores paralímpicos. Portó la llama olímpica cuando pasó por el campo de refugiados de Eleonas, en Atenas y, al concluir su recorrido, declaró: “Esto es un gran honor para mí y va dedicado a todo sirio y todo árabe que haya pasado por situaciones difíciles. Mi mensaje para ellos es que no se queden en los campos de refugiados sin hacer nada, que vayan tras sus sueños”.
Más de 30 veteranos de las Fuerzas Armadas estadounidenses participaron de Rio 2016, un número que aumenta en cada paralimpíada y una lista que incluye cada vez más nombres de latinos: Alfredo de los Santos (46, ciclismo), Oscar Sánchez (40, ciclismo) y Helman Román (48, remo).
Cinco de los doce integrantes del equipo de voleibol sentado perdieron una o las dos piernas mientras servían en Irak o Afganistán y tres jugadores de fútbol 7 volvieron con lesiones cerebrales traumáticas que les produjeron incapacidad permanente. El promedio de sus edades es 32. James Stuck, del equipo de voleibol, dice: “Formar parte del grupo es un honor porque cada vez hay más veteranos participando en deportes para discapacitados… muchos de ellos vienen de dos guerras y eso hace que sea más difícil ser incluido en el equipo paralímpico”. Say no more.
Krige Schabort (53, triatlonista) compite desde 2012 por Estados Unidos. Veterano sudafricano que perdió sus piernas en 1987 en la Guerra de la Frontera, Schabort participó de seis juegos paralímpicos representado a los dos países y obtuvo la medalla de plata en maratón – T54 en Sydney 2000. En Rio 2016, los veteranos medallistas de la delegación fueron cuatro. Shawn Morelli (40), afectada de visión parcial y con limitaciones motrices producidas por un explosivo durante su servicio en Afganistán, logró dos oros en ciclismo de pista. Melissa Stockwell (36) perdió una pierna en Irak y se inició en la natación (fue la primera veterana en clasificar para una paralimpíada -Beijing 2008-) para volcarse luego al triatlón, disciplina que le dio tres campeonatos mundiales y el bronce paralímpico. Un año después de que una explosión en Afganistán le provocara ceguera y serios daños faciales, Brad Snyder (32) obtenía dos oros y una plata en London 2012. En Rio subió al podio en 4 de las 5 pruebas de natación en las que participó (tres oros y una plata), con un récord mundial en los 100m libre. En su debut en juegos paralímpicos, la nadadora Elizabeth Marks (26) logró el oro con récord mundial los 100m braza. Gravemente lesionada durante una misión en Irak, Marks “lleva completamente tatuada la pierna derecha, tapando todas las cicatrices de las sucesivas operaciones por las que tuvo que pasar y, en la mano derecha, un anillo con la inscripción 22.kill.com en honor a sus compañeros: ‘Es la media de veteranos del ejército que se suicidan cada día’”.
También se colgó el oro (en canotaje de velocidad) Curtis McGrath (28). Ex miembro de la armada australiana, ganó el primero de sus tres campeonatos mundiales en 2014, dos años después de que una mina terrestre le mutilara las piernas en Afganistán. Cada uno de sus títulos lo dedica a uno de los ocho nombres grabados en su brazalete, un homenaje a ocho compañeros muertos en combate: “Estos chicos no tuvieron una segunda oportunidad, pero yo sí. Es un recordatorio de que tengo suerte”.
A la izquierda de McGrath, en el podio, estaba Nick Beighton (34), otro veterano que perdió las piernas en una explosión en Afganistán: “Cada uno tiene su manera de hacer frente a la recuperación y, para mí, el deporte es vital. Reafirmar que uno tiene la capacidad de hacer las cosas es esencial para recuperarse”. Junto a Beighton, una decena más de británicos testimonian con sus cuerpos su paso por el ejército y, en su mayoría, por Afganistán: Joe Townsend (28, triatlonista inglés), Micky Yule (37, levantador de potencia escocés), Dave Henson (32, atleta inglés que obtuvo el bronce en los 200m – T42), Mikey Hall (41, tirador con arco inglés), Phil Eaglesham (34, tirador con rifle irlandés) y Jon-Allan Butterworth (30, ciclista inglés). Townsend recuerda: “Una mañana me miré en el espejo y dije: – No estás haciendo nada con tu vida. Ese no eres tú. Sé que has tenido una lesión horrible pero, ¿qué vas a hacer contigo ahora mismo?”.  Tal vez Henson le dio la respuesta: “El tiempo es un gran sanador, como lo sabe cualquiera que haya pasado por un hecho traumático. Es sólo cuestión de tiempo”. Jon-Allan Butterworth es el más premiado del grupo, (3 oros y 3 platas en campeonatos mundiales, 3 platas en London 2012 y oro en la modalidad por equipos en Rio 2016), recuerda así la pérdida de su brazo izquierdo en Afganistán: “Las sirenas de alerta se apagaron y los cohetes llegaron. Sólo tuve mala suerte; estuve en el lugar equivocado en el momento equivocado”.
Como estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado Upali Rajakaruna (41, tenista en silla de ruedas), Anil Prasanna Jayalath (31, atleta) y Dinesh Priyantha Herath (30, medalla de bronce en lanzamiento de jabalina), los atletas de Sri Lanka a los que la guerra civil convirtió en discapacitados.
Como estuvieron los representantes de la República Democrática del Congo “que perdieron los sueños -y las piernas- por las minas antipersona y recuperaron la sonrisa desfilando en el Maracaná”.
Como estuvieron cientos de miles en Ruanda, en Camboya, en Sierra Leona, en Kosovo, en Angola, en Ucrania, en Gaza, en Nigeria, en Sudán del Sur, en Georgia, en Siria, en Sarajevo, en Uganda, en Chechenia, en Somalia … los nunca competirán en un evento paralímpico porque ni siquiera tendrán la oportunidad de practicar un deporte.
En el lugar equivocado en el momento equivocado estuvieron quienes les arrancaron hasta la esperanza de soñar que pueden soñar.
“Celebramos un gran desafío: el de construir un mundo nuevo, más accesible para todos,
más justo, más fraternal y donde todos podamos caminar sin obstáculos.
Vamos a construir juntos un mundo nuevo.”
Carlos Arthur Nuzman, Presidente del Comité Paralímpico Brasileño,
en la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralímpicos – Rio 2016

Musician Eric Clapton performs at Eric Clapton's Crossroads Guitar Festival 2013 at Madison Square Garden on Friday April 12, 2013 in New York. (Photo by Evan Agostini/Invision for Hard Rock International/AP Images)

 

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Musician Eric Clapton performs at Eric Clapton's Crossroads Guitar Festival 2013 at Madison Square Garden on Friday April 12, 2013 in New York. (Photo by Evan Agostini/Invision for Hard Rock International/AP Images)

 

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