La asombrosa receta de la felicidad

Estudios han demostrado la relación entre el asombro y el estado de bienestar. La capacidad de sorprendernos es una forma de reinventarnos diariamente, lo que se anula en el contexto de la vida moderna. El camino de la felicidad pareciera estar marcado por un retorno a lo natural.

 

¿Hemos perdido la capacidad de asombro? Pareciera que sí. El desarrollo de la tecnología camina varios pasos más allá de nuestras expectativas. Las novedades son parte de nuestra agenda diaria. Hemos llegado mucho más allá de lo que suponía nuestra prolífica imaginación. Indudablemente la vida es más cómoda, superando umbrales que lejos de pintar el mundo de colores, han dibujado un cuadro cotidiano opaco. Las comunicaciones, la red virtual, las imágenes nos llevan a puntos distantes, desde los paradisiacos parajes del Pacífico sur, hasta las candentes arenas del norte africano. Y nuestra reacción es teclear nerviosamente o usar el control remoto para pasar de canal en canal. Parece que el espíritu de los vientos que soplan es un gran aburrimiento, que se enlaza con algo muy parecido a la infelicidad.

Un estudio realizado en la Universidad de California en Berkley ha comprobado que existe una relación entre las emociones positivas y un potenciamiento del sistema inmunológico. La capacidad de detenerse a observar, contemplar un paisaje, de disfrutar, gatilla un proceso químico que baja una proteína pro inflamatoria denominada citocinas.

“Nuestros hallazgos demuestran que las emociones positivas se asocian con los marcadores de buena salud”, dice la encargada de esta investigación la doctora Jennifer Stellar. “Observar la belleza y sentir emociones positivas relacionadas con ella , tales como el asombro, la alegría o el placer, puede potenciar el sistema inmunitario”.

Dacher Keltner, el sicólogo detrás de la película de Pixar Intensamente, ha descubierto en un estudio en conjunto a Jonathan Haidt que el asombro tiene que ver con la sensación de vastedad, una magnitud que nos hace sentir que ante lo que nos enfrentamos no cabe en nuestra mente cotidiana, lo que nos obliga a buscar una ampliación. Asombro es renacer o lograr una expansión en nuestra comprensión de la realidad.



 

 

“¿Alguna vez se han sido detenido  para contemplar  una vista impresionante? ¿Han sido transportados por la intensidad de la música, una gran teoría científica o una persona carismática?” nos pregunta Keltner. “ Si es así, comprenderá la respuesta del novelista estadounidense John Steinbeck a los árboles gigantes de secoya de California, que pueden elevarse más de cien metros hacia el cielo. “[Ellos] dejan una marca o crean una visión que permanece siempre con ustedes”, escribió. “De ellos viene el silencio y el temor.”

El sentirse asombrado disuelve lo que sentimos que es nuestros ser cotidiano. Ataca directamente a lo común y vulgar, proporcionando beneficios en la reducción del estrés y estimulando la creatividad. Definitivamente nos hace mejores personas. El tipo de vida que llevamos ha derrumbado el impacto de lo impresionante, por lo que una conclusión de este estudio es buscar reconectarnos con nuestras fuentes de asombro. Algo que ya muchos desde Thoreau en el siglo XVIII venían pregonando. Volvernos a la naturaleza.

 

 



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