Emacruz pionera en la utilización de papel reciclado en el sector público

Reciclar no sólo tiene un impacto ambiental, sino social y cultural. Implica generar una cultura en torno a la reutilización de desechos aprovechables

 

Más allá de las ideologías, es innegable que el desarrollo económico de las últimas décadas ha impactado positivamente en las condiciones de vida de los seres humanos. Sin meternos en los problemas que se han generado a nivel social, hoy la gente vive mejor. Por otra parte también es innegable que este desarrollo ha requerido un consumo significativo de materias primas, impactando negativamente los ecosistemas. Son de uso común conceptos como calentamiento global, deforestación, desertificación. Innegablemente existe una relación causal directa entre desarrollo y destrucción ambiental.

El bajo crecimiento económico de los últimos años ha significado un retroceso en los niveles de empleo y en las condiciones de vida, sobre todo en las zonas del tercer mundo, como Latinoamérica. Poder equilibrar la ecuación desarrollo y sostenibilidad pasa definitivamente por bajar el impacto de la economía a nivel del consumo de recursos naturales.

La palabra clave en esta igualdad es reciclar. Detrás está un concepto muy simple: transformar lo que desechamos en materia prima de un nuevo ciclo productivo. Reducir el consumo de materias primas implica, además,  un menor impacto por la baja en el uso de energía y agua. Mantenemos el potencial de crecimiento disminuyendo el impacto sobre el ambiente.

El reciclaje del papel constituye uno de los mayores aportes en la búsqueda de  sustentabilidad. Debido a que la celulosa es la materia prima del papel, el impacto sobre la degradación de suelos y masa forestal es más que evidente. Actualmente casi el 90% del papel está fabricado con madera, lo que representa aproximadamente el 1,2% de la producción forestal mundial. Entonces las cifras son elocuentes. El hecho de reciclar una tonelada de papel periódico significa no tener que talar y procesar una tonelada de madera. Y en el caso del papel impreso el ahorro sube a dos toneladas.

Por eso la importancia en que los diferentes actores sociales asuman su rol en este proceso de recuperar el papel. Y mayor es la responsabilidad en el caso de los organismos estatales. Destacamos la iniciativa que ha tenido precisamente la empresa encargada de velar por la gestión de residuos de la ciudad de Santa Cruz, Emacruz, de utilizar hojas blancas fabricadas a partir de celulosa reciclada. Esto desde el mes de septiembre, y como un espaldarazo a la industria nacional del reciclaje.

“La industria de las hojas blancas es una de las más contaminantes del mundo”, se refirió al respecto el gerente de Emacruz Johnny Bowles.  “Esto debido al gran consumo de agua y químicos para blanquear las hojas. Es por eso que las hojas recicladas ecológicas son de un color natural ya que no se usan químicos”.




Este es un primer paso, insisten desde la institución, una especie de cabeza de playa en un proceso que se debiera contagiar al resto de la sociedad. Más que el específico proceso del reciclaje del papel, lo que se busca es generar una cultura del reciclaje a nivel social, abriendo el espectro a las otras áreas.

 



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