Dylan lo que Dylan

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No valgo nada, pero lo sé,
y esa es la ventaja que tengo sobre ustedes.

Albert Camus

El “descortés y arrogante” Bob debe estar riéndose de todos nosotros.

Eufóricos y apasionados, irónicos y decepcionados, novatos y expertos, majaderos y fanáticos, oportunos y blasfemos, iracundos y brillantes, resentidos, recelosos y resignados, todos hemos tenido algo para decir en los últimos días. Memes, chistes, entrevistas, reseñas brillantes, frases célebres de sus célebres canciones y celebérrimas declaraciones, razones insostenibles, comparaciones desopilantes, reclamos absurdos, promesas varias y ardientes súplicas para que otros nombres de la música sigan el camino de Dylan -siempre Dylan marcando el camino-, han sido publicados y reproducidos en los medios y en las redes sociales hasta el hartazgo.

El “descortés y arrogante” Bob debe seguir riéndose de todos nosotros.

Y yo, que no sé nada de literatura, me disfrazo de boluda y me indigno porque la Academia Sueca no premió a Sábato, Borges o Cortázar cuando, despojada de mi disfraz, quedo más boluda porque no he leído ni a un tercio de los premiados y ni siquiera sé quiénes son la mitad de ellos.

Yo, que no sé nada de arte, sigo preguntándome por qué no tienen un Nobel todos los que lo merecían (y merecen) y sí lo tienen algunos que son, por lo menos, cuestionables. Y me contesto que me deje de seguir boludeando porque Fontanarrosa o Galeano ya no tienen posibilidad, y Dolina, Casciari o Quino no califican vaya a saber por qué.

Yo, que no sé nada de música, propondría una decena de ‘Dylanes’ para los próximos Nobel y me tranquilizaría si supiera que John Lennon o Lou Reed tuvieron alguna vez la oportunidad. Y que Leonard Cohen, Tom Waits o Van Morrison todavía la tienen – sigo sin entender por qué aún no lo lograron-.

Yo, que “desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna”, sé que cuando canta Bob Dylan se me acurruca el corazón, se me desnuda el mundo y me estalla la cabeza. No me pasa sólo con él -que ni siquiera es mi favorito-, pero yo, que no sé nada de inglés, no puedo evitar soñar ni estremecerme cada vez que lo escucho o lo leo.

Yo, que no sé nada de poesía, me conmuevo frente a un Dylan que afirma: “No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo”. Y me sigo conmoviendo, una y otra vez, con sus diálogos consigo mismo.

Yo, que no sé nada de cultura popular ni académica, me inflo de placer hasta el infinito por todos y cada uno de los premios que los músicos reciben por su poesía. “Las canciones son pensamientos. Por un momento paran el tiempo”, dijo Dylan. Y yo vivo en permanente parálisis.

Yo, que no sé nada de nada, escribo sobre mí porque no me permito pronunciarme con autoridad sobre el Nobel Prize. “Lo que pasa es que tenés un Superyó muy severo”, me decía Gregorio –y con razón- en nuestras dorados años psicobolches.

Bienvenidos, poetas del mundo, al olimpo musical. Bienvenidos, músicos del mundo, al olimpo literario. Se merecen eso y más. Después de todo, no estaría mal que Peter Gabriel, Bob Geldof, Annie Lennox o Bono –varias veces nominado- recibieran el Premio Nobel de la Paz. Todavía no aprendí que a la Academia no se le discute, aunque la lista de galardones y galardonados insultantes e inmerecidos siga sumando nombres.

Probablemente, Robert Allen Zimmerman esté paralizado de miedo y no se pronuncia por prudencia, humildad o por temor a que sus fantasmas lo lleven a traicionarse a sí mismo. Pero Bob Dylan, que es el galardonado, tampoco ha hecho ningún comentario sobre el premio hasta el sábado 22 de octubre. Debe estar riéndose de su miedo, sus fantasmas y de todos nosotros. O puede que esté creando “nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense” para dedicarle a la Academia y a los millones de eufóricos y apasionados, irónicos y decepcionados, novatos y expertos, majaderos y fanáticos, oportunos y blasfemos, iracundos y brillantes, resentidos, recelosos y resignados que hemos tenido algo para decir en los últimos días.

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¿En dónde quedó esta tradición de otorgarle el Nobel de Literatura a pesos pesados de las letras como Thomas Mann, Hermann Hesse o Albert Camus?, o incluso a autores de poco reconocimiento y escasa traducción de los que el mundo “necesita” saber de ellos… ¿Qué viene a hacer Dylan, una leyenda gringa populachera venida a menos, en esta fiesta de validaciones literarias?
La respuesta es tan sencilla como burda e insoportable para la mayoría: Nada. Incomodar, si acaso. Incomodar de forma indirecta a los puristas de la lengua, esos que claman la presea como sangre en el pancracio para quien sí se la merece, como si de olimpiadas se tratara…
Vamos, Bob Dylan no es ningún advenedizo o roquero trasnochado, como varios de su generación. Donde muchos quieren ver complejidad y profundidad de campo, Dylan arremete con ganchos rectos, provenientes de la vida común; fotografías que son denuncias, sin que el halo de lo políticamente correcto acabe por impregnar del todo.
Dylan se ha concentrado en salir de los moldes que él mismo pauta, torciéndole la mano a sus seguidores de vez en vez. Y también habría que ser justos: ¿de qué tamaño es la creatividad, el ego y la vanidad de un artista como para considerar más de 50 años de canciones como esenciales y valiosos? Casi nadie en su cancha. Bowie, si acaso.
Ricardo Pineda. Dylan, el incómodo desconocido que ganó el Nobel de Literatura. Forbes. Octubre 2016.
http://www.forbes.com.mx/dylan-incomodo-desconocido-gano-nobel-literatura/

Richards joins Bob Dylan during the Live Aid famine relief concert at JFK Stadium in Philadelphia on July 13, 1985. (Amy Sancetta/Associated Press)

Richards joins Bob Dylan during the Live Aid famine relief concert at JFK Stadium in Philadelphia on July 13, 1985. (Amy Sancetta/Associated Press)

 

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Dylan es más y menos que un poeta: es un artista. Un acróbata temerario de las palabras. Y, sin embargo, salvo por algunas excepciones notables, tardaron mucho los académicos y los críticos literarios en percatarse de que ese hombre desdeñoso y reticente, insoportablemente genial, de formación azarosa y plagiado por músicos de dudosa reputación era uno de los mayores virtuosos de la lengua inglesa de todo el siglo pasado y de lo que va del XXI… No sería exagerado decir que si Bob Dylan no hubiera existido, el mundo sería un lugar radicalmente distinto, tal vez menos rico, seguramente más desamparado… Los poemas de Dylan son irreductibles. No se les puede dar jaque mate porque se salen siempre del tablero. Como toda la poesía que vale la pena recordar, sus versos son talismanes. Los arabescos de las palabras siguen diciendo algo cuando se pensaba que ya lo habían dicho todo. Algo semejante ocurre con el hombre que los escribió.
Pablo Gianera. Dylan: “No me considero a mí mismo poeta”. La Nación. Octubre 2016.
http://www.lanacion.com.ar/1946637-dylan-no-me-considero-a-mi-mismo-poeta

Richards joins Bob Dylan during the Live Aid famine relief concert at JFK Stadium in Philadelphia on July 13, 1985. (Amy Sancetta/Associated Press)

Richards joins Bob Dylan during the Live Aid famine relief concert at JFK Stadium in Philadelphia on July 13, 1985. (Amy Sancetta/Associated Press)

 

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¿Extravagante? Puede ser. ¿Injustificado? De ninguna manera. Preguntarse por la pertinencia del Nobel de Literatura a Bob Dylan trae consigo otra pregunta, la del estatuto de lo que él hizo y sigue haciendo: canciones.
¿Qué importa en la canción, qué cosa la define, los versos o la música? Un trovador del siglo XII no se hubiera enfrentado jamás a ese dilema. Pero los tiempos cambiaron y esa duda es bien moderna.
Dylan se comportó siempre como un quintacolumnista del pasado. Nunca se demoró en los dobleces de su propia historia; en cambio, se ocupó de encontrar y crear afinidades entre tradiciones disímiles. Con palabras y músicas que muchos habían leído y escuchado antes, armó una constelación de escandalosa singularidad. Hay aquí desajuste cronológico mínimo, pero no menor: los letristas de rock de los sesenta, John Lennon y Paul McCartney incluidos, se formaron con los textos de Dylan, pero Dylan no se formó con las letras de rock, sino con la poesía moderna, la de Rimbaud y Verlaine, la de Whitman.
Pablo Gianera. Una obra hecha a golpes de sueños e iluminaciones. La Nación. Octubre 2016.
http://www.lanacion.com.ar/1946974-una-obra-hecha-a-golpes-de-suenos-e-iluminaciones

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Pocos han tenido un impacto cultural equivalente al de Dylan. Es posible que la música popular tenga mejores escritores, pero ninguno posee su magnetismo… … Las canciones de Dylan han revolucionado la música pop. Introdujo sofisticación, humor y libertad: gracias a él, se hizo más adulta. Es un icono. Ha influido y fascinado a músicos, cineastas, escritores y adolescentes de varias generaciones… Decir, como se ha dicho, que la cultura popular necesita legitimación o presencia equivale a haber estado despistado unas cuantas décadas. Prácticamente ya no hay otra cosa. A lo que queda de “alta cultura” -un término impreciso pero peyorativo- se le pide constantemente que muestre menos arrogancia, que sea un poco menos ella misma.
Daniel Gascón. ¿Merece Bob Dylan el Premio Nobel de Literatura? Letras Libres. Octubre 2016.
http://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/merece-bob-dylan-el-premio-nobel-literatura

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Para los conservadores inamovibles, el Premio Nobel de Literatura de Bob Dylan rompe un esquema tradicional y supuestamente intocable. Ya era hora y por pura agua del azar, le llega merecidamente el mismo día en que se va Darío Fo (otro galardonado que no escribía novelas, ni poemas, sino que representaba una suerte de puesta en escena él mismo de eso que llamamos literatura). El mensaje no puede estar más claro: literatura es aquello que se escribe —en papel, barda, pantalla o pentagrama—, eso que se escribe de corazón y con el alma en tinta (no plagiado, sino soñado y digerido por uno mismo) y que se vuelve de Otro, de Ella, de todos; el verbo en singular que se convierte en plural, el escaso adjetivo que describe la tersura de un beso y el peso de la soledad, las palabras que todos entienden incluso en silencio.
El Premio Nobel de Literatura es uno entre muchos galardones que reconocen lo que queda en letras y es quizá el más distinguido o elevado de todos, pero ahora abre una ventana que creo merece celebración: literatura ya no es solamente el acartonado producto que a cada rato condenan a muerte, sino la floreciente expresión de eso que no necesariamente se escribe para ser leído, sino cantado; la convivencia y confusión de géneros donde el ensayo parece cuento (como soñó Borges), la entrevista y el reportaje considerado como una de las bellas artes (como se reconoció el año pasado, aunque lo hacía Truman Capote o Tom Wolfe desde hace medio siglo), las novelas que se desprenden en guiones y los cuentos que caben en un tuit.
Jorge F. Hernández. Bob Dylan, la voz de todos. El País. Octubre 2016.
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/13/actualidad/1476364360_700980.html

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Por qué es un artista esencial (Fragmentos)
• Porque escribió “Blowin’ in the wind”.
• Porque hizo que los adolescentes se interesaran en la poesía y descubrieran a Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, y a Ginsberg, Corso y Ferlinghetti.
• Porque cuando Martin Luther King hizo su legendario discurso “Tengo un sueño”, Dylan estaba parado cerca de él en el escenario, donde había cantado “Blowin’ in the wind” y “Only a pawn in their game”.
• Porque mientras otros masajeaban sus egos con Live Aid y su “salvemos a los hambrientos de Africa”, él sugirió que podrían usar algo de dinero para salvar a los granjeros que estaban siendo devastados por las hipotecas, inspirando a Willie Nelson a hacer el festival Farm Aid.
• Porque cedió las regalías de su disco navideño Christmas in the heart a organizaciones de ayuda a los sin techo. A perpetuidad.
• Porque tuvo el valor de subir al festival folk de Newport y tocar con una banda eléctrica, protagonizando un momento cumbre en la historia rock.
• Porque se animó a romper la regla de los singles de tres minutos con cosas como “Like a Rolling Stone”.
• Porque en 1963, cuando todavía era desconocido, se negó a aceptar la censura del Ed Sullivan sobre su canción “Talkin’ John Birch society blues” y se retiró sin tocar.
• Porque le pidieron música instrumental para un western en el que tenía un pequeño rol y compuso un himno “Knockin’ on heaven’s door”.
• Porque es al artista más citado en procedimientos legales de los Estados Unidos.
• Porque ganó Oscars, Grammys, Golden Globes. Y un Pulitzer. Y un Príncipe de Asturias. Y el Nobel de Literatura.
Andy Hill y Jack Shepherd.  Por qué es un artista esencial. The Independent. Especial para Página 12. Octubre 2016.
http://www.pagina12.com.ar/diario/cultura/7-311765-2016-10-14.html

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¿Un músico recibiendo un Nobel de literatura? ¿Qué es esto? ¿A quién se le ocurrió? ¿Cómo se atrevieron?, se dijo, tomando como punto de partida la “caprichosa” postura de los guardianes de la tradición a quienes tal vez se les escape que el hombre de las pocas y sarcásticas sonrisas –además de estar nominado para recibir el mismo premio desde hace veinte años– ya ha recogido galardones notables como un Pulitzer otorgado por sus composiciones líricas “de extraordinario poder poético”; un Oscar y un Príncipe de Asturias de las Artes (2007)… En suma, la sociedad, la política, la contracultura, el amor, el poder de la imaginación, la filosofía, el humor, la religión,… lo secular, el sexo, la carne, lo etéreo, y lo estrictamente estético–literario jamás estuvieron ausentes en la producción artística del nuevo Nobel de literatura y, aunque a veces pasa, es difícil que se equivoquen los que saben. O los que sólo saben que no saben. Por caso, los que organizaron, como una prueba más por la positiva, simposios sobre su obra en las universidades de Maguncia, Bristol y Viena, cuando el futuro Nobel cumplía setenta años. Ahora tiene 75. Y estatura de gigante.
Cuando las canciones son un vehículo para la literatura. Página 12. Octubre 2016.
http://www.pagina12.com.ar/diario/cultura/7-311762-2016-10-14.html

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Dylan hace lo que se le da la gana, está más allá de todo y de todos… y lo justifica la coartada en aquel verso de aquella canción suya: “Para vivir fuera de la ley tienes que ser honesto”… Somos muy afortunados de que la vida de Dylan ocupe el mismo tiempo y espacio que la nuestra. Llegarán los años en que seremos más viejos pero, también, más felices por el simple hecho de haber estado allí y gozar de la admiración de los amigos de nuestros nietos.
Rodrigo Fresán. Viendo a Dylan. Página 12. Julio 2014.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-38830-2004-07-27.html

BD_Claxton_1.jpg HAND OUT PRESS PHOTOGRAPH. PROVIDED BY parris.oloughlin-hoste@sonymusic.com

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Cualquiera de los escritores que estaban en las quinielas del Premio Nobel de este año necesitaba dicho Premio más que Bob Dylan. De hecho, jamás ningún escritor necesitó tan poco el Premio Nobel como Bob Dylan. Es la primera vez en la historia del galardón que se lo conceden a un escritor cuya universalidad no iba a verse acrecentada por este Premio. Bob Dylan ya era universal. No necesitaba el Premio, he ahí la gracia. La Academia ha querido demostrar que aún es capaz de sorprender al mundo entero, que no está fosilizada, que su forma de entender la literatura y la cultura se ha expandido. Esta vez nadie tendrá que preguntar cómo demonios se escribe el Nobel de este año. La Academia ha mandado un mensaje de irreverencia serena. Se ha quitado de encima el tufo de las convenciones. Ha enviado también un mensaje especial, que contiene una ironía culta y refinada, a todos aquellos escritores que creen que la literatura era un jardín cerrado para pocos.
Si me alegro de este Premio Nobel a Bob Dylan es porque pienso que se premia a la poesía acrecentada, a la poesía en expansión, a la poesía que buscó el sustento de una voz y unas guitarras. Dylan es un hijo de Walt Whitman y como tal sus letras y su música contienen un canto general a la utopía americana.
Si la Academia ha pretendido quitarle la solemnidad a la literatura, me apunto a eso. Si ese es el mensaje, el mensaje es bueno, porque significa que la poesía no ha muerto, que tal vez ya no haya que buscarla en un soneto sino en una canción. El rock iluminó el mundo. Eso lo venía haciendo la literatura. La gran novela americana no está en los posmodernos novelistas americanos, sino en la discografía completa de gentes como Bob Dylan o Lou Reed.
Manuel Vilas. Bob Dylan, el hijo mayor de Walt Whitman. ABC Cultura. Octubre 2016.
http://www.abc.es/cultura/libros/abci-dylan-hijo-mayor-walt-whitman-201610132312_noticia.html

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De hecho, ha tenido que ser la Academia Sueca la que haya activado los resortes necesarios para que el autor de «Blood On The Tracks» haya protagonizado su última y definitiva revolución. A saber: derribar ese muro que hasta hoy separaba la Alta Literatura de todo lo demás y servir en bandeja el primer Nobel (¡un Nobel!) a la que probablemente sea la manifestación cultural más significativa del siglo XX.
Tamaña osadía, acaso comparable en el tiempo al día que tuvo la ocurrencia de conectar una Stratocaster a un amplificador y alguien profirió el célebre grito de «¡Judas!», ha conseguido desquiciar a quienes consideran que el Nobel de Literatura debería ser para un escritor de verdad y no para un juntaletras que como mucho se acerca a la poesía. ¿Cómo explicar sin embargo una epopeya como «Like A Rolling Stone» o la densidad narrativa de «Visions Of Johanna»? ¿Cómo sobrevivir al torrente narrativo de «Ballad Of A Thin Man» o a las embestidas poéticas de «It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)»? La respuesta, en este caso, no está en el viento, sino en la literatura.
David Morán. El primer Nobel para el rock, la última revolución de Bob Dylan. ABC Cultura. Octubre 2016.
http://www.abc.es/cultura/libros/abci-primer-nobel-para-rock-ultima-revolucion-dylan-201610131506_noticia.html

 

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