Un diminuto robot que sana desde el interior del cuerpo humano

En esta imagen del 13 de julio de 2016, Steven Guitron, un estudiante de maestría de ingeniería mecánica en el Massachusetts Institute of Technology, señala con una pipeta a un pequeño “robot origami” que flota hacia una “herida” en un modelo de estómago en Cambridge, Massachusetts. Guitron y otros expertos del MIT han desarrollado unos diminutos robots ingeribles que se “doblan”, de ahí el nombre, y se tragan para completar distintas tareas dentro del cuerpo.

 

¿Adónde apunta la vocación científica del ser humano? Un poco a ser Dios, un poco a liberarse de los limitantes de su condición biológica. Al menos desde que somos civilizados nos ha parecido que los límites de la carne no se condicen con nuestras aptitudes mentales. ¿Acaso no aspiramos a la inmortalidad? ¿No renegamos de las limitantes de un cuerpo con fecha de caducidad, que se fatiga? ¿Acaso Dios no nos creó para tener quien lo contemple, admire, alabe? Merecemos nuestra propia experiencia creadora. La ayuda idónea sometida a nuestros caprichos y necesidades. Artilugios mecánicos dotados de objetivos, carentes de razón.

Desde el mítico Golem, sustancia inanimada vitalizada en la orden de servir a su humano creador, pasando por  la infinidad de artilugios que se fueron introduciendo  en nuestro día a día. Que nos fueron liberando de nuestras cargas, asumiendo mucho del peso físico de nuestra rutina. El ingenio humano replicando sus capacidades.

Ya Karel Capek en 1933 acuñó el concepto Robot, que el autor científico Isaac Asimov popularizó. El Golem del nuevo milenio. Compañero fiel de sueños y pesadillas. El trabajador artificial, que el desarrollo de la electrónica hizo realidad hasta el detalle.

Quizás en nuestro ensueño prima la imagen de los robots de dimensiones mayores, replicantes de nuestra funcionalidad cotidiana. Pero existe un desarrollo de la robótica a pequeña escala que demuestra ser un auxiliar importante especialmente en el área médica.

Investigadores asociados del MIT, la Universidad de Sheffield y el Instituto Tecnológico de Tokio han desarrollado un minúsculo robot que puede trabajar al interior del cuerpo humano. Lo suficientemente pequeño y flexible como para ser puesto dentro de una de las comunes capsulas de medicamentos, es tragado y se activa en el interior del cuerpo. Pruebas pilotos en ambientes que simulan al cuerpo humano ha demostrado ser muy útil extrayendo cuerpos extraños o analizando y reparando lesiones internas.

Desarrollar el diseño y la funcionalidad no han sido tarea fácil. Se ha debido trabajar en el problema del tamaño así como del material, para no llegar a transformar la solución en una dificultad mayor. Se han combinado una serie de materiales biodegradables, de forma que el pequeño robot pueda ser reabsorbido por el organismo. Y para el desplazamiento al interior del organismo se ha recurrido a una dinámica denominada “stick-slip”.

“Este aprovecha la fricción y la posición del peso del robot sobre la pared en que se apoya. Además, en el caso de este robot particular, también se aprovecha de la presencia de los fluidos para poder desplazarse” explica Steve Segers, uno de los investigadores. “El robot posee varias capas de material biodegradable que envuelven, como un sándwich, otro material que se encoge con el calor. Así, el robot origami está diseñado en “bandas” que permiten que se mueva y se pliegue a voluntad y según las necesidades. Además de las bandas, el robot tiene un pequeño imán que le permite ser controlado desde el exterior”.

A partir de las exitosas pruebas pilotos, los investigadores trabajan en perfeccionar al pequeño robot. Lo equiparan con sensores y un sistema que le de autonomía de movimiento. Se augura una nueva era en la medicina. Menos invasiva y más eficiente.

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