Descubriendo el mundo de Avatar en nuestro planeta

Tal como sucedía en la ficción de la película Avatar, los bosques conforman una comunidad interconectada a través de las raíces, con un intercambio de materiales diferenciado, de acuerdo a las necesidades, lo que demuestra la existencia de conciencia

 

El silencio del paisaje, un entorno casi inerte, del verdor de árboles o el tintar del musgo sobre la piedra, no nos parece más vivo que el paisaje urbano de calles y edificios. Tenemos la noción que son entidades vivas, pero evitamos el denominarla seres, porque sería admitir un grado de conciencia que nuestro limitado entendimiento no puede entender. Nuestra preocupación sobre la cubierta vegetal del planeta se limita al impacto que tiene sobre la producción de agua y oxígeno o como retentor de cubierta vegetal para evitar la erosión. Así incluso en muchos individuos declarados defensores de la naturaleza. A fin de cuentas pareciera que el paisaje estuviera al servicio de las necesidades de la humanidad, y no tenemos conciencia de lo limitado que es mantener esa posición.

Lo cierto es que la realidad  es mucho más compleja y, por cierto, rica. Nuevos desarrollos en los estudios científicos de los ecosistemas dominados por árboles, indican que existe una conexión muy compleja que sería un indicio de conciencia, una red integrada de comunicación muy similar a la red neuronal. Los interesantes trabajos de la ecóloga forestal Suzanne Simard han demostrado que se produce una interacción cooperativa que influye en el desarrollo y crecimiento de la comunidad formada por los árboles. Utilizando la presencia de los hongos en el suelo del bosque, se conforma una red a través de las raíces por medio de la cual los árboles intercambian carbono, agua y nutrientes. “Los grandes árboles proporcionan subsidios a los más jóvenes a través de esta red de hongos”, explica Suzanne. “Sin esta ayuda la mayoría de las plantas no se desarrollarían”.

La investigadora canadiense Suzanne Simard demuestra cómo los árboles se comunican entre sí

 

El nivel de complejidad de esta red, y el carácter consciente de esta comunicación, es de tan exquisita naturaleza, que se demostró que los árboles más antiguos se pueden considerar como el punto central de la red, lo que llama la “planta madre”.  En la práctica se erigen en los administradores  que gestionan la comunidad de árboles valiéndose de la red de raíces que van conformando los hongos. Una conexión tan estrecha, compleja y poderosa que al cortar estas “plantas madres” la tasa de supervivencia de los más jóvenes se reduce dramáticamente.

Visto así la imagen de la película Avatar de los hombres devastando algo más que madera para astillas se nos hace muy real. Quizás sin criaturas azules, pero si con la noción que lo que estamos afectando es mucho más que nuestras egoístas posibilidades como especie. Estamos destruyendo vida consciente. Afectando una comunidad que tiene sus derechos, a la par de los nuestros. Es tiempo de cambiar la perspectiva.

 

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