BoLiniers


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Ubicado en el límite oeste de la ciudad de Buenos Aires, Liniers está atravesado por la avenida Rivadavia y demarcado por las avenidas General Paz, Juan B. Justo y Emilio Castro, y las calles Anselmo Sáenz Valiente y  Albariño. Como tantos otros barrios y pueblos del mundo, Liniers nació con el ferrocarril. Su estación fue inaugurada en 


1887 y 
alrededor de ella se construyeron las primeras viviendas pulperías que, con el paso de los años, transformaron la zona en un dinámico centro comercial

Al 9000 de la avenida Juan B. Justo se levantan el Club Atlético Vélez Sarsfield y el Estadio José Amalfitani, inaugurado en 1951 y con capacidad para 50 mil espectadores. El Fortín o, simplemente, la Cancha de Vélez, fue sede del Mundial 78la Copa América 1979, el Mundial Juvenil 2001 y una docena de partidos amistosos de la Selección de Fútbol Argentina, entre otros eventos deportivosartísticos, religiosos y políticos de relevancia. Queen, Peter Gabriel, Nirvana, Shakira, Elton John, Yes, Luis Miguel, Rod Stewart, B-52’s, One Direction, Roger Waters, Santana, Iron Maiden y Bob Dylan son parte de la lista de los artistas internacionales que tocaron en Vélez”.   

Unas cuadras más adelante, sobre la calle Cuzco y a pocos metros de la estaciónLiniers, se levanta el Santuario de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, cuyafiesta se conmemora el 7 de agosto. 40 misas semanales y un importantísimo trabajo voluntario de sus millones de fieles son algunas de las actividades que allí se realizan y que “atiende a todos los que se acercan, sin distinción de credo alguno”. Comedores populares, cursos de formación con salida laboral, oficina de empleos, asesoramiento legal, apoyo psicológico y atención médica constituyen una pequeña muestra de la magnitud de la labor de la Dirección de Servicio Social del santuario.  

Foto 5Liniers, el barrio de Vélez y San Cayetano, es también uno de los lugares de Buenos Aires en el que miles de los bolivianos decidieron asentarse -voluntaria o forzadamente- con sus pesares y sus sueñosAunque no se cuenta con datos exactos, se calcula que el 10% de de los 45.000 habitantes del barrio son bolivianos que se establecieron en el lugar y lo transformaron en un gran centro comercial y lugar de reencuentro de la comunidad.

Conocido como la Little Bolivia El Altiplano de Buenos Aires, a una cuadra de la estación Liniers o al borde de la General Paz (según se llegue en tren o en colectivo), se ingresa a un mundo de colores, aromas y sabores tan fascinantes como familiares. Banderas tricolores adornan balcones, carteles y negocios de las 4 manzanas delimitadas por la General Paz, Montiel, Ramón Falcón y Ventura Bosh. En medio de ellas, las calles José León Suárez eIbarrola son las más agitadas. Caminar por ellas es caminar por cualquier mercado de Bolivia. Las veredas han sido tomadas por vendedores de comidas, ropa y artesanías, y comercios de todo tipo identifican el origen de sus propietarios: Bolivia, Urkupiña, Potosí, Cochabamba y Copacabana –en todas sus variantes se repiten a lo largo del recorrido en agencias de viajes, paseos comerciales, restaurantes, peluquerías o consultorios médicos.      

La música del altiplano y la cumbia suenan ensordecedoras y se confundencon la del puesto vecino, uno idéntico al otro, en los que se pueden comprar especias, leche evaporada o pasankalla y probar comidas como pique machosopa de maní, salteña, anticucho, chorrellanapicante, chairo, fricasé ochicharrón de chancho, siempre con mucha llajua. Para tomar, hay cerveza Paceña, mocochinchi, refresco de linaza, papaya Salvietti, chicha… Los artículos son tantos y tan heterogéneos que resulta imposible mencionar atodos: locoto, ropa interior, chuño, muñecos de peluche, hierbas aromáticas, billetes de alasita, singani, Mentisanajíes multicolores, habas fritas, DVDsplátanos verdes y madurosapi, pan de batalla, aguayos, papalisa, pollerasekekos y trimate son apenas una muestra de la oferta.

Se calcula que un millón de personas transitan semanalmente la zona, convirtiéndola en un verdadero hormiguero –especialmente los sábados por la tarde y, allí, las costumbres culturales de la comunidad se mantienen vivas en festividades como las de la Virgen de Urkupiña, la Virgen de Copacabana y la Feria de Alasitas, entre otras celebraciones que son una fiesta de color, música, comida y bebida

Hasta aquí llegaron, con la promesa de un futuro mejor, cientos de bolivianos que tuvieron que enfrentar -y lo siguen haciendo- desengaños, prejuicios y toda clase de dificultades. La explotación laboral en talleres textiles manejados por compatriotas, la irregular situación migratoria y la añoranza de la tierra y la familia, lejos de acobardarlos, los han fortalecidoNo importa si se instalaron hace 25 o 3 años; si siguen luchando por un ingreso que “no alcanza para nada” o si triunfaron y manejan su propio y próspero negocio; si están solos o con sus familias… todos trabajan de sol a sol y todos guardan la esperanza de volver, “aunque sólo sea de vacaciones”Retraídos muchos, temerosos otros, agresivos los menos, resulta muy difícil que accedan a hablar o que permitan tomar una fotografía de sus puestos o sus calles. 

Sentada en un local de comida, esperando su pedido para llevar, está Margarita. Tímida, sonriente, con su típico mandil y su pelo recogido, Margarita relata que dejó Cochabamba hace 4 años y que vende refrescos en la zona. Antes de contestar la próxima pregunta, toma su paquete, lo guarda en la bolsita que lleva apretada entre sus manos, vuelve a sonreír y sale presurosa hacia su puesto de trabajo. 

El que atiende el local es Zenónel más amable, dicharachero y simpático de los comerciantes que encontramos en LiniersCon su acento “mezcla de potosino y porteño, y en medio de sus múltiples quehaceres, nos cuenta que hace 22 años se instaló en Buenos Aires, que comenzó como operario en un taller textil, que conoció a una cochabambina con la que formó una familia y que, en el año 2000, abrió su propio restaurante de pollo a la broastherel Potosí, sobre la General Paz. Trabaja un promedio de 15 horas por día y ofrece, además de pollo, una docena de platos y bebidas típicas que se anuncian en coloridos carteles hechos a mano. Zenón se llena de orgullo al hablar de su negocio y, aunque no tiene pensado volver, añora su tierra: “Mi cuerpo está acá y mi alma está allá”, confiesa con una gran sonrisa.

Lidia nos atiende en su puesto sobre la calle Ibarrola. Un refrescante y deliciosomocochinchi alcanza para saber que lleva 9 años en Buenos Aires, que también llegó a trabajar en un taller de costura y que, ‘hace poco vive de la venta de los jugos y refrescos que ella misma prepara.

Un poco más adelante, también sobre la vereda, María Teresa ofrece pan. Acepta que tomemos fotos de sus productos, pero no quiere saber de aparecer en ellas. Vino hace 3 años –“porque allá no había posibilidades… sólo alcanzaba para comer. Acá alcanza para comprar cosas y para alquilar” y quiere volver, “pero no todavía”. Con ella está Carlos, que lleva más de la mitad de sus 30 años en Buenos Aires, heredó el negociode su papá y ahora reparte todo el pan que se vende en el lugar. Lo que Carlos no dice, pero se le nota por la ropa y la expresión de felicidad, es que es bostero.

La presencia de Bolivia en Buenos Aires se puede encontrar en las veredas que ofrecen desde limones hasta ropa interior y se refleja también en locales de gastronomía e indumentaria (La cholitaLas cholasBolivia o Divina Bolivia), aunque ninguno de ellos tenga que ver con la cocina o la vestimenta bolivianaCalles, plazas, plazoletas y monumentos de Buenos Aires remiten a ciudades o personajes bolivianos: Oruro, Potosí, Bolívar, Ciudad de La Paz, Bermejo, Charcas, Ballivián, Cochabamba, Bolivia,  Vicente Camargo, José Miguel Lanza, Murillo, Manuel A. Padilla y Warnes son nombres familiares que se encuentran recorriendo la ciudad.

Pero también hay otros nombres propios -junto con miles de anónimos- que dejan la vida todos los días en las calles de LiniersPara algunos, los menos, la ciudad hostil que los recibió les dio también la posibilidad de concretar sus sueños de progreso y bienestar. Para otros, la oportunidad todavía no llegó. Para todos, mi admiración y respeto.

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