Bicicla, una app de retiro de desperdicios a domicilio para reciclaje en Chile

El siglo XX estuvo marcado por las revoluciones, las disputas y, sobre todo, por las grandes utopías. Dos visiones de mundo que se disputaron terreno y el alma de las personas. Una lucha por alcanzar el ideal de un mundo libre de penalidades. Y que terminaron por ocasionar cientos de millones de muerto.

“Los que nos prometen el paraíso en la tierra nunca trajeron más que infierno” expresó el brillante pensador Karl Popper.

Todas han aspirado a los grandes cambios, han prometido el paraíso en vida, y han resultado un fiasco. La revolución rusa de 1917 salió adelante merced la muerte de disidentes y de ciudadanos comunes y corrientes en medio de una persecución y hambruna de proporciones. Un caso similar al de la China comunista. Qué decir de la gran revolución capitalista que empinó a los EEUU a la cima de las naciones con la Segunda Guerra Mundial, 70 millones de muertos mediante. Sin calificar intenciones, la experiencia ha demostrado que los cambios a gran escala llevan a un camino circular. Con el paso del tiempo todo vuelve al estado inicial. ¿Qué fue del comunismo ruso o chino o del gran sueño americano?

“Me he vuelto muy intolerante con las ideologías”,  escribió la premio Nobel de Literatura Doris Lessing. “Pertenezco a una generación de grandes sueños, de utopías de sociedades perfectas, y lo que ha ocurrido es que ha habido mucha sangre”

A fin de cuentas todo parece reducirse a un problema de escalas. Lo grande se transforma en global, y lo global convierte al individuo en números. A la larga significa invisibilidad. Las experiencias fallidas demuestran que la única forma de lograr cambios significativos es trabajar a pequeña escala. Lo real es la escala en que cada uno de nosotros tiene rostro, voz, sentimientos. Trabajar con lo real. Aquello concreto que nos habla de personas y situaciones reales.

Uno de los problemas de más acuciante solución en las sociedades modernas es el manejo de los desechos. Vivimos en una sociedad de alto consumo  que genera  un volumen de  desperdicio inmanegable. La gran solución a la gestión de éstos parece radicar en  tener la capacidad de discriminarlos,, tratslos de forma diferenciada. La clasificación permite derivar un significativo volumen como material de reciclaje, lo que impacta positivamente sobre el medio ambiente.

En Chile se descubrió que existía un vacío en este proceso de reciclaje. Y éste se encontraba precisamente en el camino de llevar los desperdicios seleccionados a los centros de acopios. Se determinó que por  una cuestión de distancia, disposición o quizás edad mucha gente hacía la primera parte del proceso, la selección, pero no acudía a los centros. Entonces  Felipe Luer tuvo la idea en desarrollar una aplicación para Android a través de la cual la persona con intención de reciclar se comunique con alguien que pase por su casa a retirar el reciclado para llevarlo a los centros de acopio.

“Lo que se necesitaba era poder conectar a la gente que tiene residuos con personas que van al punto limpio con frecuencia”, nos explica Felipe. “Fue así como después de estudios, consultas y horas y horas de programación junto a Francisco Lira, creamos la aplicación Bicicla”.

Insiste que el problema no es la intención de reciclar, que está en la conciencia de mucha más gente de lo que pensamos. “Todo el mundo sabe que reciclar es bueno, el problema es que la gente hoy en día no tiene tiempo ni para acumular  ni para ir a dejar”.

El retiro es gratis. El pago a quienes retiran a domicilio corre por cuenta de las empresas auspiciadoras, en la forma de giftcard por los productos ofrecidos a este fin. “Ellos van ganado puntos, cada biciclaje es un punto” aclara Luer. Para premiar a quienes se pegan los piques más largos, cada metro es 0,001 punto. Es decir 1.000 metros recorridos = 1 punto. Hay regalos quincenales, mensuales y trimestrales”.

 





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