Basta de “huevear”, por eso marcho | Octubre de 2013

En febrero, muy pocos marchamos por justicia para Haneli Huaycho y las mujeres asesinadas, muchas, impunemente. Fue en la Plaza Principal 24 de Septiembre y nos contamos con los dedos de las manos. Este viernes, casualmente, es el Día de la Mujer Bolivia. Que los jóvenes salgan y tomen la marcha. Que los jóvenes se apropien de su mayoría y exijan justicia. Estaré con ellos y con ellas.

En febrero, muy pocos marchamos por justicia para Haneli Huaycho y las mujeres asesinadas,
muchas, impunemente.
Fue en la Plaza Principal 24 de Septiembre y nos contamos con los dedos de las manos.
Este viernes, casualmente, es el Día de la Mujer Bolivia.
Que los jóvenes salgan y tomen la marcha. Que los jóvenes se apropien de su mayoría y exijan justicia.
Estaré con ellos y con ellas.

Porque pensar, escribir, denunciar, alertar o decir, ser coherente, es insuficiente.  Por eso, marcho.

Porque nos tienen que matar en la puerta de casa un hijo o en la carpa de la juerga otro, para que se nos conmueva el alma. Porque hace treinta años, se tuvo que morir asesinado y desangrado Noel Kempff Mercado. Por eso, marcho.

Porque el fin de semana pasado, se tuvo que morir asesinado y sin saber por qué, el compañero de escuela de mi hijo. Porque somos una sociedad sin salvación si la política mete presa a una periodista que pide disculpas por una huevada y la política es incapaz de detener y juzgar a los asesinos de Hanali Huaycho, de Sergio Ortiz, Cristian Pinto, Alvaro Escalante y tantos. Por eso, marcho.

Porque somos una sociedad que permite, tolera, se presta y aplaude la basura de los medios de comunicación, hablando de muerte, dolor y solidaridad con Julio Iglesias de concierto de fondo y teatralizando la apología de la realidad que nos consume o permitiendo la confusión de valores en horarios aptos para todo público. Por eso, marcho.

Porque los asesinos están prófugos y no sólo el sistema de justicia está en entredicho además del social, sino que los testigos están en peligro, nuestras familias en estado de indefensión, la sociedad a expensas de la ruleta rusa de la suerte. Por eso, marcho.

Porque la indignación no se demuestra hueveando ni aparentando. Porque somos causa y hace falta fuerza común, hombro con hombro, espalda con espalda, mano con mano. Por eso, marcho.

Porque es la vida de tu hijo, su hijo, mi hijo. ¿De qué nos sirve creer que les damos lo mejor si la barbarie ronda, acecha, está ahí? Porque es hora de dejar de hablar huevadas en las reuniones de padres de familia, de dejarnos atropellar con huevadas que están reñidas con los muchachos de bien que decimos querer que sean felices, de hacernos los huevones con las huevadas que imponen modelos de vida tóxicos, extraños, deshumanizantes. Si sólo dejáramos de huevear en nuestras relaciones sociales, nos protegeríamos mejor entre todos, daríamos mayor seguridad a nuestros hijos para que sean quienes quieren ser sin miedo albullying, al acoso, a las modas de la manada. Preocúpemonos de saber no sólo del colegio al que asisten, sino de los locales de diversión, del gimnasio, de los amigos, los maestros, los vecinos, de los juntes fuera de lugar y de hora, la gente que los induce, las condiciones que les ponen, la sustitución de aspiraciones personales por angustias materiales. Por eso, marcho.

Si sólo la clase política se ocupara de lo que importa y dejar de rellenar con huevadas el tiempo que les paga el Estado. Si la clase empresarial y profesional, se ocupara de cumplir sus deberes con la sociedad en lugar de huevear para sacar ventajas del descuido o la necesidad corrupta. Por eso marcho.

Esto que nos pasa como sociedad, no tiene que ver con ricos y pobres sino con el maldito dinero que hemos permitido que carcoma el alma sin importarnos su procedencia, droga, alcohol, robo, contrabando, estafa, corrupción, y no le torcemos la cara en pantallas de televisión, en testeras, en eventos sociales, en gremios, en negocios malhabidos, en la sede de Gobierno, en el Chapare y en Santa Cruz.

Porque “donde cayó la víctima, hubo sangre, pero algunas personas la limpiaron y continuaron la fiesta y la borrachera…” Por eso, marcho.

Porque basta de apropiarse de nuestras calles, nuestros caminos, nuestros barrios, nuestras escuelas, los que construímos con el trabajo y la fe de quienes creemos en la vida decente.

Por eso marcho el viernes y exijo nada más que justicia todos los días.

(*) Directora de Idearia, comunicación y educación públicas

twitter / gabitadelsur

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