Aplicación permite realizar una completa evaluación de la salud ocular



En la sociedad neoliberal contemporánea todo pareciera obedecer a los dictados del lucro. En muchos lugares ni siquiera el acceso a la naturaleza es libre. Los cercos son propiedad y marcan los límites de acceso. Lo mismo dicta para la actividad profesional. Salvo ciertos servicios públicos, el trabajo de profesionales debe pagarse. Y muchas veces en grande. Atrás ha quedado el tiempo del trabajo por la causa. Y atrás han quedado los tiempos del prestigio de los profesionales, de la veneración de una sociedad que se rendía ante el sacrificio. Una cosa por la otra. Claro que, en rigor, digamos que es una actitud que traspasa todo el tejido social. Como que vemos la paja en el ojo ajeno. Difícilmente nos encontramos con alguien que en estas sociedades dedique su tiempo a actividades por el bien social. Los hay, pero son pocos.

Todo esto en el contexto de una sociedad que tiende a ver el vaso medio vacío. Más allá de todos los graves problemas humanos, sociales, políticos y medio ambientales que azotan o amenazan nuestro afligido mundo, existe una tendencia a amplificar los males y disminuir los bienes. Si bien es cierto esto de la sociedad del lucro, no es menos cierto el trabajo anónimo y desinteresado de muchos por el bien de la humanidad. África, quizás de todos los continentes el  más castigado, ha sufrido los últimos 40 años una serie de guerras, revoluciones, masacres, sequías, que la mantienen al margen de los beneficios del desarrollo y la modernidad. Todo lo malo que pueda suceder, de seguro está ocurriendo o sucederá primero en África. Y tal como las maldiciones y pestes parecieran volcarse sobre este afligido continente, la ayuda internacional ha fluido con bastante generosidad. Pero por sobre todo el voluntariado de profesionales que no sólo dan su mejor esfuerzo, sino en muchas ocasiones se juegan el pellejo en el intento. Profesionales que le devuelven su dignidad a la palabra humanidad.

El trabajo del oftalmólogo británico Andrew Bastawrous confirma abgnegada entrega, tan propio de los albores de la ciencia. Renunció a su trabajo en el servicio público de salud del Reino Unido, para trasladarse a Kenia a trabajar a lugares aislados. Las aldeas en las que trabajaba no tenían electricidad, algunas ni siquiera carreteras de acceso, pero todas contaban con servicio telefónico.

“Mientras realizaba pruebas oculares a más de 5.000 personas en zonas remotas”, afirma Andrew, “entendí que era necesario diseñar un método de examen barato en un país en que los problemas de visión son muy frecuentes, no hay especialistas y el servicio de diagnóstico es limitado”.

Amparado en  un equipo interdisciplinario de oftalmólogos, desarrolladores de software, ingenieros en hardware y especialistas en salud pública, desenvolvió  un kit de examen oftalmológico portátil a través de una aplicación de celular, que denominó Portable Eye Examination Kit (Peek)   El fin era poder realizar  evaluaciónes de  la salud visual con  personal   no especializado. La experiencia piloto consistió en capacitar a 25 maestros rurales, los que llevaron a cabo un diagnóstico a más de 20.000 estudiantes.

“La iniciativa Peek puede convertirse pronto en un programa nacional en Kenia”, agrega Bastawrous. “El sistema también se está utilizando en Botsuana, Tanzania e India. Gracias a su Premio Rolex, Bastawrous podrá ampliar el proyecto y establecer un centro de excelencia y formación sobre Peek en Kitale, Kenia”.



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