Amor eterno sellado en el banco de una plaza

 

Nunca las historias de amor son pequeñas. Nos parecen del tamaño del universo, porque llenan la vida, se cuelan por todos los espacios, marcan cada segundo. Existen las historias públicas, aquellas que llenan páginas en los medios o metrajes de cinta en los medios audiovisuales. Pero son las menos. Y quizás tengan más de superficie, que si removemos un poco no encontremos nada. Las mayorías, las más entrañables, son las anónimas. Aquellas que transitan en los ojos ilusionados de tantas personas que cargan con ellas en silencio, quizás delatando un poco con la sonrisa, con la vista clavada en el celular o con alguna lágrima de pena. Serán un enigma para los que observamos, una perla preciosa que se cuida del escrutinio, que se siente tan propia, que se escuda de cualquier intrusión. Es la fuerza vital que nos mueve, que nos levanta cada día, que hace de la tortuosa rutina un simple paréntesis entre momentos plenos. Abriríamos nuestro corazón para mostrar nuestra felicidad, pero lo cuidamos de las miradas intrusas, de la amargura de los infelices, del pesimismo de quienes no quieren ni saben amar.

Giselle Mazzeo sabe de esta plenitud, de disfrutar de ese amor que ilumina la vida. Pero no se la guarda para ella. Grabó una placa y la colocó en un banco en la plaza Martín Rodríguez en el barrio Agronomía de la Ciudad de Buenos Aíres, Argentina:  “For Ihn who loves to run in this park. From She who loves him.”

El lugar que vio madurar ese amor, al son de los pies marcando el ritmo del trote. El mismo lugar donde She aterrada lo vio desplomarse a causa de un infarto, y sólo atinó a cerrar los ojos para no querer darse cuenta que su mundo se resquebrajaba. “Si no lo miro no pasa”, atinó a pensar. Martín cayó fulminado, pero lo vivido quedó.



Un amor del siglo XXI, que dejó sus marcas en la fantástica maraña de la red virtual en Tinder, Twitter, WhatsApp, Facebook. Al calor de las palabras, al son de las canciones dedicadas. Esos contenidos tan propios, cuidados celosamente por contraseñas que hacen las veces de combinación de caja fuerte, y que Giselle abre para poder revivirlos, para compartirlos al fin y gritarle al mundo lo bello que es vivir.

“Cuando abrís una historia de amor real al mundo, la gente se empieza a emocionar, a inspirar, a creer en el amor, a que es posible, a que no pasa solamente en las películas”, afirma muy tranquila.

Una placa que conmemora una historia de amor única, que sólo la entenderían a plenitud Martín y Giselle. Un mensaje  enigmático, pero que es un homenaje a lo imperecedero del amor, a pesar de los infartos. Que nos habla de la importancia de los recuerdos, de la fuerte correlación entre los momentos y los lugares. Que un trozo de metal puede contener un fragmento de vida. Una inspiración, ser oda a la vida.

Si bien en un inicio la plaquita fue removida, Giselle se comunicó con Horacio Rodríguez, jefe del gobierno porteño, para solicitar permiso para recolocarla. La idea les pareció tan buena que se ha abierto una convocatoria pública que habilitará 150 asientos de dos parques públicos de la ciudad en la cual los ciudadanos podrán colocar placas conmemorativas. Un gran amor resumido en una frase. Una vorágine de sensaciones y emociones. El universo entero condensado en 14 palabras.

El amor eterno sellado en el banco de una plaza, compartido para sentir, echar a volar, enamorar.

 

De She a Ihn, con amor. “Para El que ama correr en este parque, de Ella que lo ama a él”. (Foto tomada de @SayCheeseToLife)

 



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