Al final

#Rio2016 fue un Carnaval carioca de alegría y de belleza en agosto. Una ceremonia inaugural es-pec-ta-cu-lar, en la que los atletas desfilaron en el Maracaná transformado por su presencia y el marco humano.
Música y color, en un Sambódromo monumental: desde la aparición de la marea atlántica y el nacimiento de la vida en Brasil, pasando por el encuentro de civilizaciones, el paseo aéreo de Santos Dumont y la pasarela de Gisele Bündchen al son de Tom Jobim, hasta las favelas explotando historias al centro del escenario. El canto de la diversidad de la cidade maravilhosa fue expuesto con magnificencia.
Las lágrimas del nadador cruceño José Quintanilla Moreno y la delegación de Bolivia agitando las banderitas tricolores, incontenibles de transitar la emoción, nos conmovieron más aún, nos hicieron parte de la gran fiesta.
Amé todo. Me lloré todo. Paz y floresta. Me lloré emocionada hasta la estruendosa e inevitable silbatina a la apertura oficial más corta de la historia, a cargo del Presidente interino; el vibrante discurso biligüe de Carlos Nuzman, olímpico brasileño modelo 1964 a cargo de la organización y el laurel y palabras memorables de Kip Keino.
Gilberto Gil, Caetano Veloso y Anitta para un cierre apoteósico con escuelas de samba y los olímpicos brasileños del pasado llevando en posta y encendiendo la escultural pequeña antorcha de los primeros Juegos Olímpicos de América del Sur.
Obrigada, Brasil: ¿Te digo qué se siente? ¡Aplaudí afónica y sambando, de pie, enganchada hasta el final de los 15 días más cautivantes de la televisión de los últimos cuatro años!
(Andrej Isakovic_AFP_Getty Images)

(Andrej Isakovic_AFP_Getty Images)

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